La pandemia del COVID-19 resalta la dimensión ética en los asuntos hemisféricos

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Por el Consejo Editorial de COHA
Desde Washington DC

La defensa de la vida humana en las Américas, frente a la pandemia del nuevo coronavirus, se ha convertido en un imperativo ético para las fuerzas progresistas de toda la región y más allá. La forma en que cada gobierno responde ante la crisis revela mucho sobre sus respectivas prioridades sociales y económicas. Igualmente importante es que la respuesta de la sociedad civil, no siempre en sintonía con el poder constituido (e incluso en algunos casos en desacuerdo con él), refleja el tejido moral de nuestros pueblos en este momento de crisis.

Algunos gobiernos, como los de Estados Unidos y Brasil, han vacilado en imponer una estrategia agresiva contra la pandemia, sopesando el impacto del oportuno distanciamiento social y la cuarentena nacional (que China ha demostrado puede salvar miles o millones de vidas), versus la “salud” de los mercados.

Es una falsa dicotomía.

La salud de una economía debe medirse por el grado en que satisface las necesidades humanas, no por cómo llena los bolsillos de las élites gobernantes o cómo refuerza la bolsa de valores. Además, la evidencia empírica demuestra que las naciones que dudan en responder eficazmente ante la pandemia a su debido tiempo, se perjudican: sus tasas de infección y mortalidad se vuelven desmesuradamente elevadas, lo que conduce en cualquier caso a una recesión económica.

COVID-19, un asunto moral para los gobiernos

En momentos como éste es imprescindible tener una brújula moral para guiar la política pública. Como señala el filósofo argentino-mexicano, Enrique Dussel, la ética de la liberación avanza la vida humana en comunidad mediante procedimientos democráticos y opta por lo que es factible en las circunstancias dadas. Si se traducen estos principios integrales a la política de salud pública, la gobernanza responsable requiere que se adopten medidas con los aportes de los ciudadanos y que sean aplicadas de manera oportuna para frenar la propagación de COVID-19. También es preciso que los proveedores de servicios de salud estén equipados con los suministros médicos necesarios para el tratamiento de todos que se enferman por el virus. Toda acción que obstaculice esas medidas y prácticas sería una violación de estos principios éticos integrales.

No pasa desapercibido en el escenario mundial, incluso en Europa, que son los llamados gobiernos “autoritarios” (China, Cuba y Rusia), los que han acudido para ayudar a algunos de los países más afectados. Es extraordinario, pero acorde con el internacionalismo sanitario de Cuba, que esta isla caribeña, a pesar de las penurias causadas por seis décadas de bloqueo económico de Estados Unidos, haya desplegado miles de profesionales de la salud en un número creciente de países, independientemente de las diferencias ideológicas.

Las sanciones constituyen un crimen de lesa humanidad

COHA  señala con urgencia que éste no es el momento para ser partidistas intransigentes y  poner en peligro la cooperación internacional. Estamos todos en la misma lucha. Es hora de que EEUU ponga fin al embargo y que colabore con Cuba. Incluso el gobierno de extrema derecha del presidente Jair Bolsonaro de Brasil, que había expulsado a los médicos cubanos, les ha pedido volver.

La respuesta de EEUU a la pandemia es también extraordinaria, pero por razones menos honorables. Washington ha insistido en sus sanciones económicas paralizantes contra Venezuela, a pesar de las solicitudes de la Unión Europea y de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de suspender las sanciones para salvar vidas.

Estas sanciones contra Venezuela, que ya han matado a miles de personas, pueden  constituir un crimen de lesa humanidad. Conmocionan aún más la conciencia en el contexto de una pandemia.

Lo más escandaloso es que justo cuando los venezolanos están unidos contra la pandemia, y el diálogo entre el gobierno y la oposición va avanzando, EEUU emite acusaciones infundadas de narcotráfico contra altos funcionarios del gobierno venezolano. Las imputaciones tienen motivos políticos, ya que EEUU mantiene estrechas relaciones con Colombia, desde donde proviene la mayor parte del tráfico de drogas ilícitas hacia el país norteamericano. El mismo caso con Honduras, donde el gobierno del presidente de facto Juan Orlando Hernández ha sido acusado de tráfico ilícito de drogas y de complicidad con carteles nacionales e internacionales.  Washington parece haber llevado el castigo colectivo contra el pueblo venezolano a tal extremo que sólo los gobiernos más serviles y el Secretario General de la OEA están dispuestos a respaldarlo.

Las tasas de infección y mortalidad debidas a la pandemia en la región son muy volátiles y podrían cambiar en cualquier momento. Los datos indican que una pronta intervención del Estado, en colaboración con la sociedad civil, para poner en marcha medidas adecuadas de salud pública y para rápidamente movilizar al personal y los recursos médicos, puede aminorar la tasa de infección y salvar vidas [1]. Cuando hay deficiencias en el sistema de salud pública de una nación, la solidaridad internacional es fundamental para ayudar a llenar esas lagunas.

Es hora de que EEUU y la OEA se conviertan en fuerzas benévolas en la región

Es el momento de librar una lucha unida contra el COVID-19 en las Américas, pero la OEA sigue sembrando la discordia. COHA ya ha expresado su posición editorial denunciando la reelección de Luis Almagro como Secretario General de este organismo multilateral. Esta crítica es consecuente con las preocupaciones expresadas por nuestro difunto fundador y director, Larry Birns, quien era muy crítico del partidismo extremo con que Almagro dirigía la OEA ya desde 2016. Como socio incondicional del gobierno de Trump, Almagro centra sus esfuerzos en el cambio de régimen en Venezuela, Nicaragua y Cuba. También fue instrumental en la perpetración del golpe de Estado en Bolivia en octubre de 2019 y en el apoyo al fraude electoral de 2017 en Honduras. Mostró una indignación selectiva por los abusos de los derechos humanos, cuando la OEA ignoró la represión estatal de las protestas legítimas en Chile y Ecuador en 2019.  Almagro se posiciona como partidario de los gobiernos de Colombia y Honduras, donde los abusos a los derechos humanos son generalizados. No es la persona indicada para dirigir la OEA, especialmente en un momento en que la unidad hemisférica debe trascender al partidismo político.

Larry Birns nunca perdió la esperanza de que algún día Estados Unidos se convirtiera en una fuerza benévola en las Américas, y asumiera una postura de respeto mutuo entre naciones soberanas, en lugar de potenciar un monroeísmo coercitivo.  Sólo de esta manera podemos esperar construir un mundo “donde quepan muchos mundos” (para usar una expresión zapatista). Sin embargo, eso sólo ocurrirá cuando pongamos nuestra propia casa en orden en EEUU: cuando establezcamos un sistema de salud universal y nos ocupemos eficazmente de la pandemia del CODIV-19; cuando pongamos fin a la persecución de los inmigrantes; cuando reformemos el sistema racista de justicia penal; cuando saquemos a las grandes fortunas de dinero del mundo de la política; cuando abordemos la creciente desigualdad económica y social; y cuando superemos las múltiples jerarquías de dominación que guían la política nacional y exterior.

 

Esta editorial fue traducida desde el original en inglés por Jill Clark-Gollub, Asistente Editorial y Traductora de COHA.

 


Notas

[1] https://www.as-coa.org/articles/where-coronavirus-latin-america. También ver Worldometers.info: https://www.worldometers.info/coronavirus/