Voces Garífunas guatemaltecas: el segmento olvidado de la diáspora africana en América Central

A pesar de estar olvidado dentro de la lista de eventos actuales en Latino América, la diáspora africana es una parte integral de la cultura hispánica y su historia contemporánea. Los africanos superaron en número a los europeos en la mayor parte del periodo colonial latino americano, y los indígenas negros del Oeste fueron el motor de fuerza para la construcción del Canal de Panamá. Hoy, Brasil y Colombia tienen la segunda y tercera población negra más grande en el hemisferio occidental. Sin embargo, varios países de centro América solo tienen una pequeña minoría negra, y su presencia es a veces pasada por alto. Entre ellos se encuentra Guatemala, una nación multicultural en donde los Garífunas negros comprenden menos del 1% de la población. Suele suceder a menudo en países con minorías negras que estas personas sean privadas de su derecho al sufragio y consideradas inferiores por otros grupos étnicos de su país. El Acuerdo de Paz de Guatemala en 1996, el cual fue establecido por el gobierno en conjunción con la Organización de Naciones Unidas (ONU), simbolizó el fin de treinta y seis años de guerra civil en donde doscientas mil personas (la mayoría civiles) perdieron sus vidas en los levantamientos. Los acuerdos prometieron una palabra de esperanza para la inclusión política Garífuna, al reconocer, en forma oficial, el multiculturalismo en Guatemala. Sin embargo, a pesar de la ola de reformas políticas desde 1996, reducir la inequidad racial que impacta a la comunidad garífuna deberá requerir una mayor descentralización política y económica, así como también, la participación ciudadana y un mayor foco de atención al desarrollo económico.

Los Garífuna- Una historia ambigua de mestizaje

La población Garífuna de América central se encuentra en las costas del Caribe de Honduras, Belice, Guatemala y Nicaragua. El poco recuento e de la población afro-descendiente en Latino América, hace que sea dificultoso poder establecer números específicos. Además, hay sesgos, inherentes a la identificación étnica de cada individuo, especialmente en un contexto Latino Americano en donde esas categorías son menos diversificadas que en muchas otras partes del mundo. Teniendo esas limitaciones en cuenta, se puede decir, mediante un censo, que hay una población de aproximadamente 539.600 negros en Nicaragua (que incluye a muchos descendientes de esclavos no Garífunas) y 159.800 en Honduras, y son conocidas como las mayores poblaciones Garífuna en América central. Belice es el hogar de aproximadamente 20.000 Garífunas y Guatemala de 5.100 aproximadamente. Estos números no incluyen a inmigrantes que ahora residen en los Estados Unidos, Gran Bretaña, y otros países desarrollados. Actualmente, existe un debate sobre el Garífuna tiene el derecho de ser catalogados como indígena. Su apariencia negra así como su herencia mestiza ha hecho esta categorización un tanto contenciosa. Solo en los últimos 50 años se han llevado a cabo investigaciones antropológicas sistemáticas sobre sus antecedentes étnicos, revelando de buena fe, que ellos tienen raíces en África así como también en las islas caribeñas. A pesar de sus antecedentes diversos, los Garífunas tienen un fuerte sentido de unidad y muchos académicos, incluyendo James Minahan y Joseph O. Palacio, se refieren a ellos como la nación que excede bordes políticos. Esta identidad transnacional es reflejada en su bandera tricolor. Sus rayas horizontales son amarillas, blancas y negras; Estos colores, representan respectivamente: la esperanza y la liberación; la paz y la libertad amerindia; y la opresión y muerte asociada con la herencia africana.

De hecho, los Garífunas fueron una vez un pueblo unificado, originario de la isla San Vicente. La isla, habitada durante mucho tiempo por Arawak y grupos indígenas Amarillos del Caribe, fue el sitio en donde ocurrieron dos naufragios en 1635, liberando un número de esclavos africanos. Estos negros se cruzaron con nativos locales para formar, de esta forma, el grupo étnico negro del Caribe. Esclavos fugitivos de islas cercanas continuaron estimulando la población negra en San Vicente, llegando, a principios del siglo XVIII, a una mayoría de negros caribeños sobre amarillos caribeños (indígenas isleños sin herencia africana). A pesar del tratado de 1660 entre el Caribe y los colonos europeos, el cual permitía al Caribe mantener el control de su tierra, los británicos y franceses tomaron el territorio con las armas. Seguido de una serie de acuerdos, las conquistas británicas y francesas y el levantamiento caribeño, los caribeños negros se rindieron en última instancia al control británico sobre San Vicente y fueron transportados en 1797 temporalmente a Belice y las islas de Roatán cerca de la costa de honduras. La investigadora Nancy L. Gonzales reportó que dado a las precarias condiciones de vida y enfermedades contagiosas, la población negra caribeña, sobre el transcurso de esta peligrosa transición, fue reducida a la mitad, de aproximadamente 4.195 a 2.248.

Livingston, el principal asentamiento Garífuna en Guatemala, se dice que fue fundado en 1802 por Marcos Sánchez Díaz, un inmigrante Roatán. De acuerdo con el censo del 2002, el municipio de Livingston, ubicado en el departamento Izabal, hoy tiene una población de 48.588, de los cuales solo el 9% son Garífuna. Sin embargo, estos habitantes se encuentran concentrados en el centro del área urbana. De acuerdo con la publicación en el 2006 por la científica social Valencia Chalá, Livingston, Izabal, es uno de los 53 pueblos Garífuna en la costa centro Americana. Cerca de Puerto Barrios, Izabal también tiene una pequeña población Garífuna.

Desde la época temprana del siglo XIX, los primeros colonos Garífunas en Guatemala se unieron con los descendientes de esclavos negros que trabajaban en las minas de carbón en América Central y un pequeño grupo de Culíes, que son de tez oscura y de origen indígena del Este. Colectivamente, estos grupos se encuentran superados en número por los maya, el grupo indígena más grande de Guatemala que contiene aproximadamente 22 subgrupos, cada uno con su propio idioma. Muchos rechazan la idea de que los Garífuna sean indígenas. El académico Nelson Amaro, por ejemplo, en su artículo “Guatemala: historia despierta” (1992), argumenta que los negros que siempre han vivido a lo largo de las costas caribeñas se han mezclado con miembros de la población indígena de Guatemala, dejando solo descendientes directos de esclavos y Culíes, como el segmento negro de la conformación étnica Guatemalteca. Los habitantes negros de Puerto Barrios y Livingston, sin embargo, expresan lo contrario. Luís Fraczúa, ex director de la organización sin fines de lucro ASO-Garífuna, fue citado por Valenica Chalá al declarar que: “somos repudiados acá por el color de nuestra piel, pero lo que no pueden tolerar es que venimos de la misma raza que los indígenas Arawak”. Esta cuestión de identidad es mucho más complicada por el hecho de que la raza en Guatemala, como en la mayoría de América Latina, no está primordialmente definida por el color de la piel. Por el contrario, el grupo étnico dominante “ladino”, que irónicamente proviene de un cruce entre Mayas y Europeos, es definido por haber adoptado normas, idioma y vestimenta europea. Cualquier ciudadano Maya o Garífuna que le interese, puede por lo tanto, asumir la identidad Ladina y rechazar su herencia, tanto en forma pública como privada.

Cultura Garífuna

A pesar de las fuertes presiones de asimilación, los Garífunas han mantenido una rica cultura con fuertes rasgos caribeños y africanos. Su lenguaje es un dialecto criollo que proviene de idiomas indígenas hablados originariamente en San Vicente (Kallinagu & Arawak), con fonéticas africanas y un suave francés, influencias inglesas y españolas. A pesar de que su lenguaje está siendo lentamente regulado por el criollo ingles y el español, ellos tienden a ser bilingües en los últimos dos idiomas y tienen un nivel de alfabetismo mayor al de los Ladinos. Los Garífunas valoran la educación en general, tal como sostiene el estudio realizado por el programa de desarrollo de la ONU (2005), el cual indica que jóvenes y adultos, de quince a veinticuatro años tienen un promedio de 6.8 años de educación. Aunque otros estándares sean bajos, este nivel de educación es superior a cualquier otro grupo indígena en el país y es substancialmente superior al promedio del área: 5.5.

El énfasis en el idioma y la educación es acompañado por unas vibrantes tradiciones musicales, espirituales y culinarias. Los bailes populares garífunas son acompañados por tambores y casi siempre cuentan una historia: como los bailes circulares de hunguruhungu que recuentan la expulsión de los Garífuna de la isla San Vicente; La Chumba, alude a restricciones sexuales ejercidas a los negros durante la esclavitud; y La Punta, que originalmente se realizaba en funerales para ayudar a la transición de los espíritus hacia la otra vida. Estas danzas tradicionales reflejan las prácticas religiosas, las cuales son católicas pero también poseen elementos de espiritualidad antigua africana. Sus vestimentas tradicionales también son del estilo afro-caribeño. Su alimentación básica incluye arroz y habichuelas, mariscos, y tamales preparados con plátanos, bananas, caldo de carne, leche de coco y yuca. Económicamente, los Garífunas se han confiado mucho de la pesca, la casería, la agricultura y la tala, además de participar en las embarcaciones bananeras de América central. En el 2001, la UNESCO, clasificó el lenguaje, la música y la danza Garífuna como una de las “diecinueve obras maestras del patrimonio oral e intangible de la humanidad.”

Impacto de los conflictos armados

Por treinta y seis años, comenzando a principios de los 60, Guatemala fue atormentada por un conflicto armado entre los militares y las fuerzas revolucionarias de izquierda. Debajo de esta guerra civil se encontraba un crudo etnocidio: la comisión clarificadora local de la ONU rastreó un 93% de asesinatos (más de 200.000) adjudicados al estado guatemalteco. El pueblo Maya fue víctima del 83% de estas matanzas, sin mencionar las desapariciones y los desplazamientos. Dado a su aislamiento y su status negociable de “indígenas”, las comunidades Garífunas tuvieron una pequeña ventaja: eran en gran parte considerandos como lugares seguros, y algunos mayas huyeron hacia allí por refugio. No obstante, las víctimas del 17% restante de los incidentes se encuentran sin contabilizar. Considerando estos números, en conjunto con otros factores, el etnocidio fue un esfuerzo de la elite para “curar” el largo “problema indígena” guatemalteco de una vez por todas. Es probable que los Garífunas se encuentren entre las víctimas en esos abusos de los derechos humanos.

Fue también en este periodo de conflicto armado que la situación económica del pueblo Garífuna comenzó a mermar significativamente, de acuerdo con Luis Fraczúa: “desde 1950 a 1968, habían solo personas de color en los muelles de Puerto Barrios. Luego, fueron despedidos con la excusa que la compañía se encontraba en banca rota. En realidad ¡tenía que ver con un problema racial!” a pesar de que la posición de Fraczúa sea un poco especulativa, se encuentra embestida de validez cuando es analizada dentro de un contexto histórico comprendido de incidentes monumentales de limpieza racial.

Los acuerdos de paz de 1996 – palabras de esperanza seguidas de la dura realidad

Al mismo tiempo de la reforma del gobierno guatemalteca, los acuerdos de paz de 1996 fueron redactados con la colaboración de la ONU. El 20 de Enero de 1997, el consejo de seguridad de la ONU reforzó la misión de verificación de las naciones unidas en Guatemala (MINUGUA), una combinación de la existente misión de los derechos humanos de la ONU, con las mismas siglas, y un grupo de 155 observadores militares y profesionales del sector salud. El rol de MINUGUA en los próximos tres meses fue asegurar el cese de fuego entre el gobierno de Guatemala y el grupo guerrillero: unidad revolucionaria nacional guatemalteca (URNG). Entre las reformas fundamentales plasmadas en estos acuerdos, el artículo cinco en identidad y derechos de las poblaciones indígenas es el más pertinente a la población Garífuna. Este, admite que Guatemala es un país “multiétnico, multicultural y multilingüe” y que “las partes reconocen y respetan la identidad y los derechos políticos, económicos, sociales y culturales de los pueblos Maya, Garífuna y Xinca.”

Las mayores secciones del articulo cinco son: 1) identidad indígena, 2) lucha en contra de la discriminación, 3) derechos culturales, 4) derechos civiles, políticos, sociales y económicos, 5) comisiones equitativas, 6) recursos. Derechos culturales específicos incluyen a los del lenguaje (hablado, escrito e institucionalizado), prácticas espirituales, el uso de atuendos tradicionales en la vida cotidiana, el reconocimiento de contribuciones científicas tecnológicas, y la inclusión de las comunidades en la educación. La cuarta sección reafirma el derecho de los indígenas a gobernar sus comunidades mediante una reforma del código municipal del país y llama a su representación en todos los niveles del gobierno. También plantea la necesidad de crear inventarios de las actuales prácticas de escrituración de la tierra y su administración junto con la legislación relevante que asegure el derecho indígena al territorio que vienen ocupando por décadas. La falta de especificación con respecto a los derechos de la tierra es obviamente problemática, ya que muchos de los nativos que aplican a las secciones de esa legislación no tienen escrituras o títulos para obtener estos derechos de posesión, y las tierras en las cuales residen son oficialmente propiedad del estado o, a veces, de corporaciones privadas. La superposición entre los derechos de tierra y cultura son evidentes en esta sección, pero cuanta de esta superposición puede ser tratada en la práctica es poco claro. Varias secciones del Acuerdo Cinco mencionan que los indígenas deben ser autores de su propio desarrollo, sin embargo, se puede cuestionar si esto es realmente posible en una nación donde todo el poder y el control todavía se encuentran en manos Ladinas.

Hasta ahora, la implementación efectiva de los Acuerdos de Paz ha sido impedida por varios de estos asuntos sin resolver, como es evidente en el corriente estado de las comunidades Garífunas en Guatemala. Debería hacerse notar que los Mayas, el grupo nativo más grande en Guatemala, son los únicos que se mencionan de forma separada de la agrupación de distintos grupos indígenas, que incluye a los Garífuna y los Xinca. Por ejemplo, hay partes del texto que llaman a que sean enseñados los conceptos educacionales de los mayas en las escuelas y demandan el apoyo a una creación de una universidad maya. Los Mayas también reciben un énfasis especial con respecto al lenguaje, identidad indígena y territorios sagrados. En parte, estas especificaciones tienen sentido considerando que los Mayas cargaron el peso de la guerra civil. Sin embargo, los Garífunas han compartido la exclusión de facto por la sociedad guatemalteca por muchas décadas antes de esta última ronda de combates, y esta falta de énfasis en su status actual presagia una mayor negligencia para con sus necesidades.

En una entrevista con COHA, Danilo Mejía, director de la organización sin fines de lucro para el desarrollo Garífuna, Asociación Guatemalteca (AFROGUA), confirma que la actual dirección de la implementación de los acuerdos de paz refleja la prioridad de los Mayas: “…El gobierno sólo menciona al pueblo Maya en sus exposiciones. Discriminación en contra de los Garífuna por el gobierno y en parte por los Mayas impulsa este dialogo- ellos a veces solo hablan a favor de los Mayas y usan el nombre de los Garífunas solo cuando les es conveniente. Los Mayas tienen sus propias instituciones, pero los Garífunas no tienen el presupuesto necesario para tales, ni de gobiernos locales ni de extranjeros. Un buen ejemplo de esto son las tiendas de regalos en el aeropuerto internacional La Aurora: uno puede encontrar allí todo tipo de artesanías Mayas pero no Garífunas.”

A pesar que el programa para el desarrollo de la ONU encontró que el promedio del índice de desarrollo humano (HDI, por sus siglas en ingles) para los Garífuna en el 2005 fue notablemente superior a aquellos de otros grupos indígenas, el ingreso no es la contribución primaria al índice. Presupuestos limitados para las comunidades Garífunas también son parte de una relación circular con las persistentes débiles economías locales. Por ejemplo, a pesar de que la electricidad se ha vuelto más accesible desde la década de 1990, la falta de caminos pavimentados y transito adecuado todavía son un problema en Livingston y Puerto Barrios. Tan frágil es la infraestructura, acompañada de la ubicación costera, que hace estas ciudades altamente susceptibles a desastres naturales. Altas tasas de desempleo todavía son la norma entre los Garífunas. Los Garífunas en Guatemala han mantenido una economía agraria que se basa en la pesca y caza, arroz, maíz, habichuelas, plátanos y yuca. Desafortunadamente, sus cosechas no han sido acompañadas por técnicas adecuadas de preservación de la tierra y fertilización, llevando a una intensa deforestación en cada época de siembra. Esta negligencia, en gran parte debido a la falta de tecnología apropiada, ha resultado en un deterioro de la calidad del suelo en el territorio de Livingston. En su más reciente reporte en la web sobre la economía en Livingston, el servicio de información municipal de Inforpress centroamericana (SIM), siendo un grupo que analiza la sociedad regionalmente, indico la necesidad de avanzar con menos cantidad de actividades suelo-dependiente como el eco-turismo y la artesanía, y continuando al mismo tiempo con la pesca en pequeña escala.

Tales transiciones son en general difíciles de agarrarles la mano, y muchas personas Garífunas han tenido que tomar la supervivencia por sus propias manos y migrar a países con mejores oportunidades económicas, mandando a casa las ganancias. Su partida de Guatemala, primordialmente hacia los Estados Unidos y Gran Bretaña, tuvo su pico en los 60´s y los 70´s pero continua hoy día. De acuerdo con el censo guatemalteco de 2002, 132.228 hogares en el país, 2.4% ubicados en Izabal, reportaron al menos que un miembro del hogar se ha trasladado de forma permanente a los Estados Unidos en los últimos 10 años. Esto no incluye muchos de los cuales tienen empleos en el extranjero de forma temporaria, para volver luego a sus hogares en una fecha tardía. El antropólogo Alfonso Arrivillaga de la Universidad de San Carlos reportó a COHA el 1 de junio de 2010 que Harlem y Bronx, en la ciudad de Nueva York, en nuestros días sostiene la mayor población condensada de Garífunas. Además, han formado notables comunidades en California y Texas. Los migrantes Garífunas primordialmente ocupan puestos de mantenimiento del hogar. De los pocos que con suerte son capaces de avanzar económicamente, algunos encuentran empleos en fábricas o en el correo naval, mientras que un pequeño número sube en la escalera socio-económica por medio de una continuación en sus estudios.

No es sorpresa que tal perpetuada situación de dificultades económicas, falta de representación, y el perjuicio, sean acompañados por una continua apatía política por parte de los Garífunas. En su “Enciclopedia de Naciones sin Estado”, el escritor e investigador free-lance James Minahan, reporta que la falta de confianza hacia el gobierno ha sido extendida entre la población Garífuna en América central después de haber sido expulsados de su isla nativa de San Vicente. Los líderes de la comunidad Garífuna apoyan la idea de Minahan. Fraczúa alude al conocimiento histórico pasado a lo largo de las generaciones: “Por un largo periodo de tiempo, hemos escuchado que los negros estaban a cargo de varias posiciones públicas hasta que se tornaron actividades honorarias. Cuando estas actividades se convirtieron en pagas, los negros fueron ignorados”. Mejía de AFROGUA confirma que “(sus) ancestros prefirieron no involucrarse en política; ellos decían que uno podría ser asesinado o que todos los políticos eran ladrones… (Y) todavía se cree (entre la población Garífuna) que la política es sucia y turbia.” Tales percepciones son compartidas por muchos grupos indígenas y han, sin darse cuenta, demostrado ser barreras para esfuerzos locales, nacionales e internacionales en lograr los objetivos declarados en los Acuerdos de Paz, que también sirven como confirmación del largo escepticismo en el tema.

De las leyes a la implementación- intentos de progreso Garífuna

Entre las múltiples áreas de desarrollo mencionados por proyectos nacionales e internacionales en Guatemala desde 1996, la descentralización y los esfuerzos al derecho de la tierra son especialmente relevantes para la participación Garífuna en su propio desarrollo. La descentralización, una estrategia de incremento del federalismo mediante el esparcimiento de autoridades políticas y financieras entre los niveles bajos de gobierno, ha sido fomentado en muchos países latino americanos para así poder prevenir el retorno de las autocracias, de acuerdo a un reporte en 2004 por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras que las cabezas departamentales de Guatemala continúan siendo apuntaladas por el gobierno, han existido esfuerzos de incrementar la influencia de las municipalidades a lo largo del país, donde los intendentes son elegidos por los residentes. La Asociación Nacional de Municipalidades de la República de Guatemala (ANAM), dirigida por un directorio de jefes departamentales incluyendo muchos intendentes, data de la década del 60. Sus esfuerzos de descentralización, sin embargo, han carecido de una fuerte aplicación y de la participación indígena antes de los Acuerdos de Paz de 1996.

El plan del 2001, una estrategia de reducción de pobreza (ERP) y la ley de descentralización del 2002 pone una vos del gobierno nacional atrás de estos esfuerzos. Mientras que el primero incluye el objetivo de fortificar y descentralizar la administración pública, el último llamado a una autonomía municipal; que incorpora la solidaridad social como también el respeto por el multiculturalismo y varios idiomas. Una vez más, la implementación de estos objetivos idealizados es limitada y ha provocado una dura crítica: en una presentación del 2003 para el departamento de planificación y programación presidencial (SEGEPLAN), Virgilio Álvarez Aragón, académico y presente director de la rama guatemalteca de la facultad de América latina de ciencias sociales (FLASCO) hizo notar que el ERP ha permanecido virtualmente sin implementación. Esta falta, se da por la ausencia de un diálogo necesario entre los ciudadanos y los diferentes niveles de gobierno. De forma similar, el investigador Senior Asociado Gary Bland, indicó en un reporte sobre la descentralización en Guatemala del 2002 para el centro Woodrow Wilson, que el mayor problema, típico de países latino americanos, es la falta de reconocimiento y discusión de la actual estructura de gobierno, que repercuta en cualquier progreso sólido hacia la descentralización.

Estos lamentos son claras reflexiones del sentimiento de actitud distante y aprehensión hacia todo tipo de autoridad que los Garífunas, junto con la mayor parte de otros grupos indígenas mantienen, causando una profunda brecha entre el gobierno y el publo que es difícil de resolver. Para complicar más el asunto, el instituto nacional de estadísticas (INE) reconoció en una presentación del 2005 que el ERP carecía de las herramientas adecuadas y recursos humanos necesarios para evaluar correctamente la efectividad del programa. Con respecto a los derechos indígenas sobre la propiedad de la tierra, iniciativas gubernamentales más allá de los Acuerdos de Paz de 1996 han sido, en el mejor de los casos, escasas.

Para contrarrestar esta falta de recursos e ingenuidad, entidades extranjeras se han involucrado y tratan de asistir. Un ejemplo es el programa de descentralización y gobernabilidad local de USAID, que ha sido implementado en trece municipios diferentes desde 2005 hasta 2009. Su último reporte, publicado en Septiembre de 2008, indica avances prometedores. USAID desarrolló una administración financiera municipal integrada y un código de impuestos, implementó el uso de “guate-compras”, una fuente en Internet de contratistas y obtención de información, y han incrementado la participación electoral en las elecciones para intendentes del 2007.

Desafortunadamente, el despliegue de estos éxitos en las comunidades Garífunas ha sido dificultoso- ninguna municipalidad de Izabal fue incluida en el proyecto de USAID. Otro aspecto problemático del trabajo de USAID en general es que viene de una fuente externa y no refleja una forma organiza de crecimiento interno. Una vez más, la descentralización parece de venir de arriba hacia abajo. En una entrevista con SIM, el director del programa de USAID, Jorge Escoto, explica que un problema con la descentralización de Guatemala es que ha sido, paradójicamente, impuesta por los gobiernos centrales en vez de ser reclamadas por los propios municipios. A pesar de que el trabajo de USAID pareciera tener resultados positivos, será un indicio de progreso si copias de estas iniciativas en otros municipios son precedidas por el cálculo de las necesidades y encuestas de opinión para mejorar el entendimiento de las necesidades auto identificadas de las comunidades.

La comunidad internacional también ha sido más receptiva que el gobierno guatemalteco en cumplir con los derechos de propiedad de la tierra indígena. Desde 2006, el Banco Mundial ha estado realizando su segundo proyecto de administración de la tierra, el cual se propone “fomentar los procesos de obtención de la seguridad de la tenencia de tierra… mediante la provisión de eficientes y accesibles servicios catastrales y de administración de la tierra”. Mientras que estas palabras dejan poco claro quiénes son los beneficiarios de la tierra, su plan de pueblos indígenas detalla que la tierra en la cual ellos habitan será generalmente considerada como “tierra comunal”, siendo propiedad de todos los residentes, indígenas y no indígenas, en los ocho departamentos involucrados, lo cual incluye Izabal. De los treinta y dos sitios sagrados identificados por todos los departamentos, tres son sitios Garífunas. El más reciente plan de obtención del proyecto en 2010, sin embargo, otra vez trae la pregunta si los Garífuna se mantendrán opacados por la población Maya guatemalteca- por ejemplo todavía no hay un presupuesto listado para Izabal.

Iniciativas locales e historias exitosas

Además de las entremezcladas bendiciones de asistencia provenientes del gobierno nacional como también de inversiones extranjeras, los Garífunas tienen varias organizaciones sin fines de lucro propias, y algunos individuos han roto el las barreras estratificación racial. La investigación de Chala en 2006, indica que ASO-Garífuna, la mencionada organización afro sin fines de lucro en la cual Fraczúa es el director, fue una de las organizaciones mejor establecidas de la comunidad. Fundada por Bonaficia Núñez para dirigirse a preocupaciones económicas, ASO-Garífuna comprendió desde el comienzo 50% de negros, llevando una amplia cantidad de voces a la mesa. Aproximadamente cuarenta y cinco de 130 miembros de la organización estaban involucrados activamente, y colaboraban con World Children en Nueva York mediante la unión de familias caritativas con aproximadamente 800 chicos Garífunas en Guatemala. ASO-Garífuna también recaudó fondos para un adecuado muelle en Livingston, así como también una ambulancia y un centro de visitantes.

Mejía explica que él se había motivado en un principio con AFROGUA cuando se dio cuenta que los jóvenes Garífunas no tenían una voz suficiente y que su generación, a pesar de haber recibido más educación que sus padres, no estaba teniendo un predecible futuro prospero. Mejía declara que “nosotros hemos… trabajado directamente con la fundación de desarrollo indígena de Guatemala (FODIGUA) y SEFEPLAN…también tenemos contacto indirecto con otras organizaciones Garífunas”. Estas conexiones entre las sin fines de lucro locales y el gobierno son tal vez los más prometedores intentos de lanzar hacia adelante a los Garífunas. Los únicos obstáculos que enfrentan estas organizaciones hacen que se mantenga su naturaleza de corta vida y falta de fondos y apoyo de proyectos. Mejía confirma: “por cada proyecto debemos golpear varias puertas para ver si puede ser aprobado, y hoy es aun mas difícil de tener proyectos aprobados y por lo tanto vigilar los objetivos (de AFOGUA).”

Mientras mucho trabajo todavía está pendiente para el progreso de las comunidades Garífunas, es notable el incremento de la visibilidad de la comunidad en Guatemala y en otras áreas. Mejía subraya que la comisión en contra de la discriminación y el racismo del gobierno (CODISRA) ha sido dirigida por un Garífuna que también brevemente ha tenido el puesto de Vice Ministro de Cultura. CODISRA ha mantenido representativos Garífunas hasta el día de hoy y ha hecho un seguimiento de un número de reportes de discriminación por ciudadanos indígenas. El país ahora también celebra el día del Garífuna el 26 de Noviembre. MINUNGUA también ha utilizado la publicidad mediante la televisión y Carteles públicos presentando figuras Mayas y Garífunas para promover el multiculturalismo y alentar el orgullo indígena. Los garífunas han producido un pequeño puñado de académicos, incluyendo a Pedro Espinoza, P. Ortizm Pacífico y Joseph Palacio. Mario Ellington Lambe se ha convertido en el primer abogado garífuna y el garífuna Patricio Lorenzo ha sido el intendente de Livingston desde 2008. En el 2004, Marva Weatherborn, nacida en Puerto Barrios, se convirtió en la primera reina de belleza africana descendiente. El difunto Andy Palacios, quien falleció en 2008, fue un reconocido músico Beliceño que incorporó fuertes mensajes políticos en sus canciones. En 2004, fue nombrado embajador cultural y diputado administrador del instituto nacional de historia y cultura de Belice.

Mientras que no todas de estas figuras son descendientes Garífunas, ellos son muy significativos para el progreso Garífuna en Guatemala. Como explica Arrivillaga en una entrevista para COHA, “Uno debe mirar a los Garífunas como una nación transnacional”. Una pregunta clave que este análisis trae a la mente es, si este sentimiento transnacional de solidaridad, creado por la expulsión de su tierra natal, puede llegar a impedir su desarrollo como ciudadanos activos plenos en sus diferentes países. Esta dificultad concierne particularmente a la pequeña población Garífuna en Guatemala y es algo que los líderes de la comunidad y los políticos de la nación deben tomar en cuenta.