Una Anomalía Militar: El Ejercito Ecuatoriano Sobrevive como un monitor de estabilidad

La década de 1960 inició una era en América Latina manchada por la sangre de ciudadanos inocentes y perseguidos por regímenes militares. Durante este período, una serie de gobiernos de derecha aplastaron a la oposición mediante la represión pública y violaciones de derechos humanos. Las fuerzas militares, a menudo entrenadas y abastecidas por los Estados Unidos, se convirtieron en el instrumento ideal para mantener la estabilidad nacional.

Sin embargo, durante las décadas siguientes, cuando se trataba de un régimen dictatorial en América Latina, Ecuador demostró ser una excepción. Si bien Ecuador tuvo su propia junta militar popularmente conocida como la “dictablanda”, ésta no fue una administración que cometió graves violaciones de derechos humanos o constitucionales de los ciudadanos ecuatorianos. Su historia indica que las fuerzas armadas del Ecuador han demostrado ser el único componente institucional constante en un país políticamente inestable. El ejército, es hasta cierto punto, un monitor de la continuidad democrática ya que actúa como un garante constitucional mas que un usurpador del poder.

Una Tradición de la Defensa Nacional

Durante gran parte del siglo XX, los militares ecuatorianos han servido tradicionalmente como un defensor del dominio nacional. En los últimos 30 años, los militares sirvieron en tal manera en tres ocasiones después de la partición de la Gran Colombia en 1830. El primer enfrentamiento se inició el 5 de julio de 1941 cuando fuerzas peruanas invadieron el territorio de Ecuador Amazonia y, debido a la falta de una fuerza militar adecuada en el momento, el Perú logró conquistar una gran parte de la región amazónica. El conflicto terminó en una tregua insostenible con la firma del Protocolo de Río de Janeiro en febrero de 1942. En parte como respuesta a la escalada de conflicto con el Perú, las fuerzas armadas del país ahora “dedicaron su atención a la formación estrictamente militar y la institucionalización de las fuerzas armadas en su conjunto”, según un alto oficial militar ecuatoriano. Entonces cuando se inició la Guerra del Alto Cenepa en 1995, los militares ecuatorianos habían logrado construir una fuerza militar fuerte, eficaz y eficiente.

En enero de 1995, las Fuerzas Especiales ecuatorianas realizaron un ataque sorpresa contra una base peruana localizada en territorio ecuatoriano y triunfantemente expulsaron a los peruanos de esta región. El combate bélico continuó hasta febrero, cuando un acuerdo de un cese al fuego fue firmado. Cuando el presidente ecuatoriano Jamil Mahuad y el presidente peruano Alberto Fujimori firmaron el Acta Presidencial Tratado de Paz el 26 de octubre de 1998, se delinearon oficialmente las fronteras entre Perú y Ecuador y se puso fin a las tensiones entre los dos países. Aún así, la frontera norte del Ecuador continuo siendo inestable.

El 1 de marzo 2008, una unidad de las fuerzas armadas colombianas interrumpió la pacífica frontera con el Ecuador al lanzar un ataque aéreo y terrestre para eliminar una base de las FARC en territorio ecuatoriano. El ataque resultó en la muerte del segundo comandante superior de la guerrilla, Raúl Reyes, y aunque la incursión colombiana fue un éxito, el ataque que se llevó a cabo en la región norte de Ecuador, en Angostura, fue una clara violación de la soberanía.

Inmediatamente después del incidente, Ecuador desplegó 3.200 soldados en su frontera norte y retiró a su embajador de Bogotá. Después de una disculpa del presidente Uribe, las relaciones entre Ecuador y Colombia fueron gradualmente restauradas, pero las tropas ecuatorianas se mantuvieron vigilantes. “El ataque fue un despertar a nuestras fuerzas armadas”, dijo el funcionario militar. Aunque el ataque no fue ningún intento de invasión, es un ejemplo de las estrategias nacionales que Colombia se ejerció indebidamente fuera de sus fronteras. Ahora, dos años más tarde, Ecuador y Colombia aún se tambalean al borde de unas relaciones turbulentas. El Ecuador reconoce que las FARC son un problema discordante, y mientras que Quito probablemente no firme un tratado con EE.UU., similar al Plan Colombia, seguirá utilizando sus fuerzas armadas para defender su territorio de cualquier amenaza contra su seguridad nacional.

Los pilares de la estabilidad y el desarrollo

Las fuerzas armadas a través de América Latina no comparten un mismo propósito, sino que cada institución militar es única en términos de sus antecedente histórico. En la historia militar del Ecuador no se ven militares violentos como los del Cono Sur, sino un ejército que ha demostrado ser una fuerza que aporta en el desarrollo de la nación.

Primeramente, uno debe notar la reciente ruptura socio-económica del país para analizar el rol del ejército. En el 2008, aproximadamente el 35% de la población vivía bajo la línea de pobreza. Los pobres se concentran en las zonas subdesarrolladas del país, específicamente en las áreas rurales. Durante años, varios gobiernos oligárquicos han dirigido su atención, así como financiación para los programas sociales a las capitales provinciales o zonas más urbanas. Por ejemplo, durante el auge petrolero de la década de 1970, la mayor parte de los ingresos del gobierno se utilizaron para la modernización de Quito, mientras que la región amazónica, subdesarrollada, sólo servía para continuar bombeando el oro negro. La falta de una presencia efectiva gubernamental resultó en un vacío de autoridad y poder en las zonas donde más se necesitaba.

Pero, debido a que los militares se localizaban en las regiones más remotas del Ecuador por propósitos de defensa, rápidamente se convirtieron en las figuras de autoridad, así permitiendo a las unidades militares llenar los vacíos del poder y atender a las necesidades sociales. Según un funcionario militar entrevistado por COHA, el ejército era una fuerza omnipresente en el Ecuador, especialmente en sus regiones periféricas y ha tenido un papel fundamental en el desarrollo de la nación: “donde no había un médico, había un soldado, donde no existía la educación, había un soldado dispuesto a servir como un educador.” Además, el servicio militar obligatorio (que fue eliminado en 2007) dio acceso a alimentos, vivienda y una carrera a muchos jóvenes pobres. Luego de incorporarse al servicio militar, “los hombres salían con los ideales e intenciones para mejorar sus comunidades locales”, observó el oficial militar. En última instancia, los militares integran, apoyan y continúan la ayuda en el desarrollo de las economías locales en las regiones más pobres del Ecuador. Frente a una historia política tan tumultuosa, se les reconoce a los militares por su servicio y su disposición de una base institucional firme dispuesta a apoyar incondicionalmente el desarrollo del país y su defensa.

Juntas Benignas y los Monitores de la continuidad

Ya en 1961, existieron instancias cuando se derrocaron a líderes de mala reputación, como José María Velasco Ibarra. En noviembre de 1961 el ejército derrocó a Velasco-Ibarra y colocó a su Vicepresidente, Carlos Julio Arosemena en la presidencia. Pero veinte meses mas tarde los dirigentes militares se dieron cuenta que habían cometido un error garrafal. Arosemena, conocido por sus hábitos de beber, no fue un líder adecuado para representar al país. El Congreso hizo dos intentos de juicios políticos, pero luego de frustraciones continuas, el ejército declaró en 1963 que “era [su deber] salvar al país del abismo de la disolución y la anarquía”.

Los militares continuaron su papel como garantes de la constitucionalidad con sus apariciones más recientes en el año 2000 y 2005. Al ser elegido presidente en 1998, Jamil Mahuad promulgó erróneas políticas económicas que provocaron la mayor crisis bancaria en la historia del Ecuador. La pérdida de depósitos, créditos y el consiguiente efecto sobre el empleo impulsaron acusaciones de corrupción en el gobierno y dieron lugar a manifestaciones de masas. “Debido a la deficiencia social masiva, el ejército simpatizaba con el pueblo y apoyó sus demandas de estabilidad económica y social”, -algo que el gobierno electo de Mahuad, no podría lograr-, recuerda el oficial.

Finalmente, los militares junto a dirigentes de la CONAIE, organizaron una junta que derrocó a Mahuad, y grabó en la historia latinoamericana un nuevo golpe de estado. “Según declaraciones de líderes de la junta militar en el momento [enero 2000], el golpe de Estado tenía un plan predeterminado para permanecer en el poder por un breve período de hasta seis meses”, afirma la Dr. Miah Jaskoski de la Escuela Naval de Posgrados. De hecho, la junta del 2000 concluyó su presencia en unas pocas horas con la toma de posesión del vicepresidente Gustavo Noboa el 22 de enero.

El ejército de nuevo volvió a su vocación como monitor de la continuidad, luego de la elección del presidente Lucio Gutiérrez en 2003. A finales del 2004, sorprendió a sus antiguos aliados, formando una alianza con la mayoría en el Congreso en un esfuerzo por llevar a cabo reformas inconstitucionales y consolidar el poder. Este movimiento político le permitió asegurar los votos suficientes para sustituir a los miembros independientes de la Corte Suprema con jueces a su favor. Algunas de estas acciones fueron violaciones de la Constitución ecuatoriana de 1998: “El Congreso no tiene ningún papel en la contratación y el despido de jueces de la Corte Suprema.”

Debido a que Gutiérrez estaba socavando cada vez más a la Constitución, el público empezó a protestar. A este punto, el Almirante Víctor Hugo Rosero declaró públicamente que los militares habían revocado su apoyo al presidente. Esto impulsó aún más las protestas públicas, que finalmente resultaron en la expulsión definitiva de Gutiérrez. “Lo bueno fue que se restableció la democracia en pocos días”, observó el alto funcionario en referencia a la adhesión del vicepresidente Alfredo Palacio a la presidencia.

La democratización de las Fuerzas Armadas

Antes de la toma de posesión de Correa en 2007, el Congreso del Ecuador, junto con el Ministerio de Defensa, había comenzado a crear un modelo administrativo-político que resultaría en la reestructuración de las fuerzas armadas. Según un artículo publicado por el general Oswaldo Jarrín, ex-ministro ecuatoriano de Defensa, el modelo tenía dos objetivos: “(1) Fortalecer la institucionalización y el profesionalismo de las fuerzas armadas y, (2) Para incorporar un fundamento jurídico y la doctrina en el ejercito.” Esto se logró a través de un plan de dos pasos. El primer paso incluye la creación de la “moral profesional y la Cultura Democrática Plan de Mejora”, planteada por la Academia Militar Ecuatoriana y el Ministerio de Defensa que amplíen la educación de las fuerzas armadas en temas distintos, como la defensa de la Constitución, sin reemplazar los principios democráticos. Una vez que todas las ramas militares sigan estas leyes educativas, el siguiente paso es garantizar al bienestar personal de cada miembro de las fuerzas armadas. Se trató de proporcionar un mejor estilo de vida a cada soldado mediante la promulgación de: ampliación de la edad de jubilación por cinco años, el establecimiento del seguro social y los servicios de salud, y un aumento de los sueldos de hasta 22,5%.

En enero del 2007, el Congreso Nacional votó y aprobó las nuevas leyes para institucionalizar a las Fuerzas Armadas en un intento de anular completamente la posibilidad de un golpe, En la actualidad, bajo la presidencia de Correa, se ha aumentado el control civil sobre las fuerzas armadas. sin embargo, mientras el Ecuador continúa luchando con problemas tanto internos como externos, el papel de los militares y su relación con el gobierno todavía no es completamente claro.

Inseguridad Nacional

Al igual que cualquier otra administración que ha ocupado la presidencia ecuatoriana, Correa se enfrenta a varios desafíos, incluyendo los crecientes niveles de delincuencia. Con el fin de abordar eficazmente estas cuestiones, Correa ha propuesto Plan Ecuador como un método para “mantener la seguridad del país y su soberanía.” Hasta ahora, el Plan Ecuador ha recibido cerca de $ 43 millones a través de paquetes de ayuda internacional, sólo una fracción de los $ 130 millones que él considera necesario. Por otra parte, el plan ha recibido críticas por su falta de especificidad global respecto a cómo llevar a cabo sus objetivos. También se ve acosada por una débil tasa de crecimiento anual de apenas 0,4%.

Esta cifra se ha visto agravada por una serie de políticas económicas promulgadas por el Presidente, que han creado una falta de confianza en la comunidad nacional e internacional a la hora de invertir en el país.
Entre los siete conceptos presentados en el Plan Ecuador (para más información, consulte http://www.coha.org/plan-ecuador-practical-ideas-or-lofty-ideals), el debate más fuerte es el de establecer las fronteras y terminar de una vez el tráfico de estupefacientes en la región. Estas cuestiones, que pertenecen principalmente a las fuerzas armadas, deben abordarse con un presupuesto de defensa adecuada. El ejército ecuatoriano recibe el equivalente a sólo el 0,9% del PIB para gastos de defensa. Además, el material de guerra en el que se gasta el dinero a menudo resulta ser inferior. Caso en punto es la compra de helicópteros Dhruv de la India, uno de los cuales se estrelló en su primer vuelo.

Además, hubo una reducción del 50% en la compra de aviones brasileños Super Tucano de ataque ligero para combatir el tráfico de drogas, que limita aún más el equipamiento disponible para llevar a cabo una defensa eficaz del territorio nacional soberano y para participar eficazmente en la guerra contra las drogas.

Alianza Atípica con el Tío Sam

Las relaciones entre Ecuador y los Estados Unidos últimamente han sufrido varios trastornos en los últimos años. La terminación del contrato para la Base de Manta tendrá un costo significativo en las capacidades de defensa del Ecuador. En noviembre de 2009, el presidente Correa señaló que el acuerdo de defensa con los EE.UU. no se firmará otra vez a menos que los EE.UU. permita la construcción de una base ecuatoriana en Miami. El acuerdo se firmó en 1999 bajo circunstancias legalmente cuestionables en el extremo ecuatoriano. “De acuerdo con los académicos ecuatorianos, el acuerdo de 1999 parecía ser hecho a último minuto y pasó sin voto del Congreso”, afirma la Dr. Jaskoski. Correa afirma que la base constituía una violación del territorio soberano, sin embargo, desde un punto de vista estratégico, el principal defecto en el contrato fue quizá que carecía de la reciprocidad, de forma similar al documento que los EE.UU. ha firmado con Brasil el 12 de Abril 12 de este año 2010.

En este último acuerdo, la nación de origen es dueña de la base pero permite operaciones por parte de los EE.UU. a cambio de transferencia de equipos e inteligencia. Correa ha resuelto que para el Ecuador la nación misma sería responsable de esta tarea con poco apoyo externo. El ejército “seguirá la política exterior presentadas por [nuestro] Comandante en Jefe”, dice el oficial ecuatoriano. Sin embargo, seguirá siendo cada vez más difícil para el Ecuador cumplir con el Plan Ecuador y combatir la actividad ilegal en las fronteras sin la ayuda de los recursos militares de las naciones más poderosas.

El gobierno ecuatoriano también está experimentando las complejidades de la renovación del ATPDEA por un contrato de varios años en lugar del actual plan de sólo un año. Este programa permite a los países andinos acceso libre de aranceles a los mercados de EE.UU., así como prever la ayuda de Washington para combatir el tráfico de drogas. Sin embargo, el Ecuador sufrió un decremento de 58% en las exportaciones a los EE.UU. en 2009 según el quinto informe del ATPDEA al Congreso de EE.UU., y el futuro no es prometedor. Esta estadística parece ser poco común a la luz de la relación tradicionalmente compartida entre el Ecuador y los EE.UU., y también refleja la cautela de los EE.UU. y gran parte de la comunidad internacional hacia las políticas de Ecuador, a veces erráticas. El informe señala que, “para que Ecuador aproveche plenamente los beneficios potenciales asociados con la inversión de la ATPDEA, sería necesario mejorar su clima de inversión.”

A pesar de la base en Manta, los dos países aún mantienen relaciones bastante agradables, en comparación a Bolivia y Venezuela. Aunque esta relación es más débil de lo que ha sido en años anteriores, los EE.UU. siguen donando equipos al Ecuador ($ 1,2 millones en el último año), mientras que ayuda con ejercicios militares e inteligencia. Aún así, la disposición de Washington para ayudar no está siendo utilizada a su máxima capacidad, y si los EE.UU. y Ecuador no firman el ATPDEA, es probable que hayan efectos negativos sobre el presupuesto de la seguridad nacional y la economía del Ecuador.

El Objetivo Militar Siglo 21

Durante muchos años, las fuerzas armadas han demostrado una capacidad de permanecer a las sombras de la política, sin dejar de mantener los valores tradicionales de la defensa del territorio y la lealtad a la Constitución. El deterioro de las instituciones democráticas de Ecuador, que duró desde los años 1960 y 1979, no fueron testigos de las guerras sucias, sin embargo, sorprendentemente, el Ecuador se ha mantenido entre los países de América Latina donde la práctica ya casi obsoleta de los golpes militares pueden salir fuera del letargo como resultado de las demandas sociales. Esta práctica es distinta a la de otros ejércitos con mentalidad golpista, como el de Honduras, donde los militares demostraron ser corruptos y violentos. Por el contrario, la misión militar de Ecuador es únicamente para garantizar la instauración de la democracia y la tradición, así como el mantenimiento de la seguridad nacional del país.

Las nuevas políticas de defensa de Correa han establecido una serie de directrices para que los militares se conviertan en una verdadera institución dedicada a los principios democráticos. Sin embargo, las leyes y los reglamentos no han tomado en consideración elementos vitales para determinar el estado actual y evolución futura de las fuerzas armadas como lo es la historia política tumultuosa del país.

En la actualidad, Correa está tratando de promulgar leyes que presentan una mayor presencia gubernamental en áreas como la educación y los medios de comunicación. Ambas medidas se consideran controvertidos y están bajo la mira de comunidad internacional. Además, se está reduciendo la confianza del inversionista en la economía ecuatoriana, que también ha atraído un mayor escrutinio internacional de las metas y tácticas de Correa. Mientras tanto, aunque el papel de los militares no es el de mantener el orden democrático, la estabilidad de las experiencias presidenciales y legislativas en Ecuador se definen no sólo por la aplicación de la Constitución sino también por el respeto de las normas democráticas y la estabilidad social. Este delicado acto de equilibrio ha creado una anomalía en los militares ecuatorianos, ya que se han convertido en los paladines de la democracia.