Sudamérica y la Urgencia Humanitaria en Siria

Por: Dr. Khatchik DerGhougassian. Comentarista Invitado del Consejo de Asuntos Hemisféricos.

El editorial de The New York Times del 14 de diciembre de 2014[1] considera un “progreso” el compromiso internacional de brindar ayuda a cien mil refugiados de la guerra en Siria, pero alerta acerca de la insuficiencia de la medida y la indiferencia de muchos países desarrollados. Tan solo 28 países han aceptado dar refugio a un número limitado, unos 66 mil, de los casi 6.5 millones de civiles forzados a abandonar sus hogares para transformarse en desplazados internos o partir al exilio, mientras que 11 otros se comprometieron en expandir su compromiso de ayuda.[2] Hasta hoy son los países vecinos de Siria, como Líbano, Irak, Turquía, Jordania y Egipto, los que se han hecho cargo de un total de 3.8 millones del total de refugiados; una situación que no solo es financieramente costosa sino también políticamente desestabilizante, según describe el editorial.

Dentro de los países que han rechazado cualquier compromiso están Rusia y China quienes además de apoyar al régimen de Bashar Al-Asad, avalan las monarquías del Golfo, mismas que directa o indirectamente fomentaron la guerra brindando ayuda a la oposición. Con la excepción de Alemania y Suecia, un considerable número de países europeos, entre ellos Francia, Reino Unido, Italia, España y Portugal, han aportado muy poco. Por otro lado, los Estados Unidos con 3 mil millones de dólares es el mayor donante financiero a los esfuerzos humanitarios para Siria y ha aceptado tan solo 300 refugiados con la promesa de revisar 9 mil aplicaciones, según declaró Anne Richard, representante del Departamento del Estado, en la conferencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) del pasado 9 de diciembre en Ginebra. “La necesidad de reubicar a los sirios en países fuera de la sobrecargada región es grande y crece. En los últimos seis meses, muchos arriesgaron su vida intentando llegar a Europa en barcos por el Mediterráneo y a menudo con resultados fatales. Muchos sirios preferirían no alejarse de la región con la esperanza de poder volver a su casa algún día. Otros, sin embargo, quisieran tener una nueva vida y salir de la región. Los líderes del mundo deben escuchar su petición.” [3]

Sin embargo, algunos países que a lo largo del 2014 estuvieron atentos a la emergencia humanitaria en Siria, y que el editorial del matutino neoyorquino ha ignorado, se encuentran en el sur de las Américas. De hecho, desde que empezó el conflicto en 2011 no faltaron las declaraciones emitidas tanto por foros sudamericanos entre ellos la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión de las Naciones Suramericanas (UNASUR), la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) entre otros, así como gobiernos, oponiéndose a la posible intervención militar, condenando el uso de armas químicas y lamentando la catástrofe humanitaria.[4]  El gobierno uruguayo del presidente José Mujica se dirigió a las autoridades de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) durante el mes de mayo con el objetivo de solicitar la tramitación oficial que conceda a los niños huérfanos de Siria la posibilidad de emigrar a Uruguay. El pasado 9 de octubre, el primer grupo de refugiados compuesto por cinco familias, un total de 42 personas, llegaron al país uruguayo y se alojaron en un centro católico de retiro espiritual.[5] El gobierno les brindó asistencia económica, lecciones de español y, eventualmente, les otorgará la ciudadanía para que empiecen su nueva vida. Otros 78 refugiados se esperan en los principios de 2015. “Si un pequeño país como Uruguay puede dar el paso también lo pueden hacer los Estados Unidos y Francia, México y Brasil” es el mensaje que Mujica mandó abiertamente al mundo en su estilo directo, franco y honesto descartando toda excusa de “pobre” o “subdesarrollado” para evitar el compromiso humanitario, pues “siempre se puede hacer algo para gente que está en peores condiciones.”[6]

El gobierno de Brasil fue el primero en hacer pública su predisposición en otorgar visas humanitarias, De acuerdo a una información oficial, Brasil ha otorgado permiso para 4189 visas humanitarias aunque hasta la fecha no se sabe bien si el país ha recibido refugiados.[7] Por otra parte, el gobierno argentino siguió los pasos de sus socios en el MERCOSUR en octubre, y por medio de su Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto a través de la Dirección Nacional de Migraciones estableció el “Programa Siria” que propone recibir a extranjeros afectados por el conflicto por el plazo de dos años si contaran con un “llamante” que los reciba en la Argentina.[8] De los demás países latinoamericanos, México está incluido en la lista de ACNUR para recibir refugiados;[9] mientras que el gobierno venezolano ha anunciado haber procesado de 800 a 1000 de un total de 3000 pedidos dentro de un programa especial que contempla dar estatus de refugiado a sirios que llegan al país;[10] Colombia declaró en el año 2011 que daría asilo a todo sirio que lo solicitase y hasta la fecha son 19 los que han llegado al país;[11] Finalmente, Chile se ha mostrado dispuesto en responder positivamente a un pedido similar de ACNUR.[12]

América Latina tiene una rica historia en recibir refugiados y darles asilo y protección a través de una serie de instrumentos regionales que data de los últimos decenios del siglo XIX y precede a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.

El especialista en derecho internacional Juan Ignacio Mondelli establece que “A lo largo de los años, la generosa tradición del asilo latinoamericano nace, crece, madura y se perfecciona a través de muy diversas formas. Sin embargo, es innegable que desde sus orígenes se erigió siempre como un límite infranqueable a la posibilidad de un Estado de perseguir ilegítimamente a una persona fuera de su jurisdicción. En otras palabras, el asilo se construye y fortalece con el propósito de proteger al individuo perseguido, incluso cuando dicha persecución pretende llevarse a cabo traspasándolos límites territoriales del país de origen bajo la forma de una solicitud de extradición.”[13]

En la época de 1970, un considerable número de militantes políticos en Uruguay, Argentina, Brasil y Chile entre otros, tuvieron que exiliarse y buscaron refugio principalmente en México y Venezuela. Con el regreso de la democracia en los 80s, los Derechos Humanos (DDHH) se instalaron en la agenda política de los países sudamericanos en una estrecha vinculación. Cabe mencionar que el grado de compromiso de los gobiernos civiles con la aplicación de la normativa de los DDHH sobre todo en el enjuiciamiento de las dictaduras ha variado de país a país; sin embargo y la defensa de la democracia se entendió como defensa de los DDHH y vice-versa, reflejando un sentido de compromiso ético también en la escena internacional.

No sorprende, por lo tanto, que cuatro miembros del MERCOSUR, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, hayan firmado y presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) una opinión consultativa sobre los derechos de la niñez migrante. La importancia de la solicitud no se limita solo a la protección de los DDHH, sino es funcional en un sentido estratégico. En palabras de Abramovich y Saldiva “Los países del MERCOSUR pensaron en la intervención ante la Corte IDH por vía de su competencia consultiva a los efectos de profundizar y precisar los estándares y principios que han sido sentados en su precedentes sobre niñez y sobre migraciones y asilo, con la idea de fijar tanto un piso común de estándares como un marco conceptual que sirva de referencia insoslayable para, por un lado, ajustar y revisar las leyes y políticas públicas en esta materia y, por el otro, para los diálogos que los gobiernos de la región tengan a nivel regional y con otros bloques regionales.”[14]

Pese a las serias limitaciones de medidas normativas de estas características a la hora de ejercer una influencia en los procesos políticos en la escena internacional donde domina el principio del poder, su importancia reside en la lenta construcción de regímenes donde los DDHH no fueran solamente funcionales a los fines políticos sino que se rigieran como principios en los procesos de toma de decisión. Reflejan también instancias de cooperación regional en Sudamérica pese al claro predominio de los marcos nacionales en las políticas exteriores de estos países. Así, con respecto a la postura frente al desastre humanitario en Siria e Irak, las acciones como la decisión de recibir refugiados han sido fundamentalmente nacionales sin que alguna instancia de integración regional, como el MERCOSUR o la UNASUR intervinieran.

La urgencia humanitaria en Siria e Irak crea también la oportunidad para los países sudamericanos de proponer iniciativas que van más allá de dar asilo a refugiados y aporten a los esfuerzos de estabilización de esta zona. Ante la posibilidad de un cese de fuego en Siria, los países sudamericanos podrían asumir un rol en atender las múltiples y multifacéticas necesidades humanitarias que surgirán en el lugar. Por ejemplo, podrían arriesgar en el terreno del conflicto una presencia en la forma en que la hicieron los Cascos Blancos argentinos. La alta credibilidad que gozan los sudamericanos como actores neutrales en estos conflictos es su mayor ventaja para proponerse un rol humanitario más osado y no ser acusados de “intervencionistas”. Pues, no han faltado oportunidades en que los países sudamericanos han dejado clara su postura de oponerse a la intervención militar y comprometerse a la ayuda humanitaria; esta postura es la que diferencia a los sudamericanos de las otras potencias, Rusia, los Estados Unidos y algunos países europeos, que aun cuando se comprometen para la ayuda humanitaria, estos tienden a ser criticados debido a sus respectivos historiales de intervencionismos militares, ni la predominante lógica de balance de poder sobre la cual basan sus posturas y decisiones. La perspectiva de un rol humanitario en Siria e Irak es estratégica para Sudamérica ya que permite un perfil alto en los asuntos internacionales que se distinga del juego de poder de las potencias; permite también construir alianzas con una región que más allá de la convulsión geopolítica presenta muchas oportunidades de cooperación en distintas áreas de desarrollo, y, por lo tanto, consolida la dirección sur-sur que caracteriza la política exterior de los países sudamericanos en la última década. El ámbito para discutir tal perspectiva existe: UNASUR y su Consejo de Defensa Sudamericano; el rol de los militares en zonas de desastres forma parte de las políticas de defensa de muchos de estos países; la cooperación en el ámbito de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) ha establecido un antecedente cuyas lecciones quizá deberían ser objeto de mayor discusión. Desafortunadamente lo que falta es el liderazgo político.

Por: Dr. Khatchik DerGhougassian. Comentarista Invitado del Consejo de Asuntos Hemisféricos.
Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, Argentina.

Ésta es una contribución gratuita producida por el Consejo de Asuntos Hemisféricos. Si desea republicarla, por favor ponga nuestra información institucional. Los derechos exclusivos pueden ser negociados.

Imagen destacada tomada por: United Nations Photo. Fecha: 03.08.2010.
Obtenida en: https://www.flickr.com/photos/un_photo/4417555546/in/photostream/

[1] “Still Failing Syria’s Refugees.” Editorial, The New York Times Digest. 14 de diciembre de 2014, p. 8

[2] Ibid

[3] “Still Failing Syria’s Refugees”. Editorial, The New York Times (edición digital). 14 de diciembre de 2014, p. 8.

[4] Paz Zárate, “Syria y América Latina: no solo palabras”, El País, 16 de mayo de 2014. En Internet al: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/16/actualidad/1400205690_673029.html Consulta realizada el 10-12-2014.

[5] Alan Gomez, “Tiny Uruguay plays a big role in Syrian refugee crisis”, USA Today, 9 de octubre de 2014. En Internet al: http://usat.ly/1xs13rO Consulta realizada el 10-12-2014.

[6] Ibid.

[7] “CIDH felicitó a Uruguay y Brasil por dar protección a los refugiados sirios”, El País, 24 de octubre de 2014. En Internet al: http://www.elpais.com.uy/informacion/cidh-felicito-uruguay-brasil-proteccion.html Consulta realizada el 10-12-2014.

[8] “La Argentina también recibirá refugiados sirios”, La Nación, 22 de octubre de 2014. En Internet al: http://www.lanacion.com.ar/1737801-la-argentina-tambien-recibira-refugiados-sirios Consulta realizada el 10-12-2014.

[9] “México recibirá a refugiados sirios”, AFP, 1 de octubre de 2013. En Internet al: http://www.maspormas.com/nacion-df/mexico/mexico-recibira-refugiados-sirios Consulta realizada el 10-12-2014.

[10] “Refugiados sirios buscan una nueva vida en Latinoamérica”, AFP, 23 de septiembre de 2014. En Internet al: http://www.teletica.com/m/Noticias/66418-Refugiados-sirios-buscan-una-nueva-vida-en-Latinoamerica-.note.aspx Consulta realizada el 10-12-2014.

[11] “Latinoamérica se ha transformado en la inesperada esperanza de más de 6000 refugiados sirios”, Infobae, 17 de septiembre de 2014. En Internet al: http://www.infobae.com/2014/09/17/1595548-latinoamerica-se-transformo-la-inesperada-esperanza-mas-6000-refugiados-sirios Consulta realizada el 10-12-2014.

[12] Javier Matus y Felipe Diez, “Rehaciendo la vida en Chile: hay 1220 refugiados en el país”, Nacional, 14 de julio de 2014. En Internet al: http://www.latercera.com/noticia/nacional/2014/07/680-586618-9-rehaciendo-la-vida-en-chile-hay-1220-refugiados-en-el-pais.shtml Consulta realizada el 10-12-2014.

[13] Juan Ignacio Mondelli, “La extradición y el asilo: legislación y práctica en los países de la región”, en Martín Lettieri (editor), Protección Internacional de Refugiados en el Sur de Sudamérica, Buenos Aires: Ediciones de la UNLa, p. 67.

[14] Victor E. Abramovich y Laura Saldiva, “El MERCOSUR como espacio de coordinación de políticas en derechos humanos. Antecedentes de la solicitud de opinión consultiva ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre derechos de la niñez migrante”, en Martín Lettieri (editor), op. cit., p. 270.

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