La Política de Defensa en Bolivia y el Rol de las Fuerzas Armadas: Balance de Gestión 2006-2014

Por Mag. Silvina Sol Gastaldi

Resumen

La Fuerzas Armadas bolivianas se han configurado, desde la llegada de Evo Morales al gobierno en el 2006, en un actor clave, apoyando no sólo la implementación de las políticas de cambio en el marco de la “revolución democrática y cultural”, sino también la unidad del Estado y la estabilidad del gobierno frente a las acciones de desestabilización que promovieron sectores opositores, particularmente en el año 2008. Bajo esta coyuntura, la política de defensa adquirió un lugar de relevancia en la agenda política. El presente artículo analiza las principales medidas instrumentadas en la materia desde 2006 y señala, en función de ellas, las acciones que faltan tomar y que deberán ser consideradas tras la reciente reelección del Presidente Morales; principalmente, el establecimiento de un marco normativo que cristalice en la jurisdicción defensa y en las Fuerzas Armadas la refundación del Estado que la nueva Constitución Política consagró.

Como suele suceder después de cada reelección presidencial, los analistas políticos tienden a realizar balances sobre los años de gobierno y prospectivas en torno a la evolución de la política estudiada. Generalmente, la política de defensa ocupa un lugar marginal en la agenda de gobiernos, en particular en países que no afrontan las inclemencias de la guerra o de intervenciones militares. Sin embargo, desde la llegada de Evo Morales al Palacio Quemado en el 2006, la política de defensa ha recibido la atención gubernamental, orientándose durante todo este período hacia dos objetivos fundamentales: modernizar al instrumento militar y fortalecer su contribución al  desarrollo nacional. En ausencia de amenazas estatales externas, las Fuerzas Armadas bolivianas se han concentrado en operaciones de seguridad interior (1), defensa civil y acción comunitaria, y se han erigido en uno de los principales pilares del gobierno y de la revolución democrática y cultural implementada.

Según lo antedicho, este artículo propone realizar un balance sobre la política de defensa en el Estado Plurinacional de Bolivia, en el período 2006-2014, teniendo en cuenta como marco conceptual el abordaje de las dimensiones que componen dicha política y de los factores domésticos y externos que han influido en ella.

Para este análisis, consideraremos que la política de defensa entendida en sentido amplio se compone de tres dimensiones. La primera corresponde a la dimensión estratégica, referida a las acciones y medidas institucionales de carácter estratégico, decididas e implementadas por el gobierno nacional para prevenir o enfrentar situaciones de riesgo, conflictos o amenazas de origen estatal externo contra la soberanía, la integridad territorial y la capacidad de autodeterminación del Estado, que requieran el empleo en forma disuasiva o efectiva de las Fuerzas Armadas. La segunda dimensión considerada es la política militar, la cual remite al conjunto de normas y agencias ministeriales dirigidas a ejercer el control civil sobre las Fuerzas Armadas y la conducción y administración burocrática del instrumento militar. Por último, la dimensión internacional de la política de defensa, también denominada “diplomacia de la defensa”, contribuye a los objetivos de la política exterior del país (2).

 La dimensión estratégica

Las cuestiones estratégicas identificadas por el gobierno de Morales al inicio de su primera gestión fueron plasmadas en el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010. Este documento partía de una evaluación sumamente negativa del Sistema de Seguridad Civil y de Defensa Nacional boliviano.

El Plan precisaba que el sector defensa era incapaz de garantizar la soberanía, proteger el territorio y su población y defender los recursos naturales de carácter estratégico, como consecuencia de la falta de definición de políticas por parte de los anteriores gobiernos de corte neoliberal (3).

Así, se proponía construir una Bolivia soberana y segura; que defienda el territorio y a su población, que cuente con un sistema de defensa civil fuerte y que participe activamente en el desarrollo integral bajo los principios de igualdad, reciprocidad y equidad de género. Para ello, el Plan formulaba una serie de políticas y estrategias, tales como: el establecimiento de un nuevo marco normativo, el rediseño del sistema de fuerzas y el fortalecimiento de las capacidades operacionales.

Con respecto al primer punto, desde la transición a la democracia en 1982, las cuestiones de defensa nacional tuvieron un tratamiento normativo marginal (4). Antes de la gestión de Evo Morales, el Congreso promulgó solamente en 1992 una norma, la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas Nº 1405, que reemplazaba a la anterior norma del gobierno militar de 1964, introduciendo leves modificaciones, como los procedimientos para el ingreso y egreso de tropas y la extensión del servicio en las fuerzas a 35 años.

Con esta norma, quedaba establecida como misión fundamental de las Fuerzas Armadas la defensa y conservación de la independencia nacional, la seguridad y la estabilidad de la República, el honor y la soberanía nacional, el imperio de la Constitución Política del Estado y la estabilidad del gobierno legalmente constituido. Asimismo, se incorporó expresamente la cooperación en el desarrollo integral del país, aunque no fue sino después de la llegada de Evo Morales al gobierno que las Fuerzas Armadas adquirieron una firme orientación hacia tareas de apoyo al desarrollo y de respaldo a las políticas del gobierno nacional (5).

Respecto de la conservación del orden público, las Fuerzas Armadas actúan en forma contribuyente, a requerimiento del Poder Ejecutivo, cuando las instituciones legalmente constituidas para ese fin resultasen insuficientes. El uso de las Fuerzas Armadas en conflictos internos fue, a la vez, regulado por el Decreto Supremo Nº 27977 de 2005. Contrariamente a gobiernos anteriores, Morales no empleó a las Fuerzas Armadas en la represión de la protesta social. Así, durante su gobierno, se tendió a propiciar un acercamiento entre los militares y el pueblo, particularmente con los sectores indígenas y campesinos.

En el año 2009 se sancionó una nueva Constitución Política del Estado, que si bien no modificó el rol de las Fuerzas Armadas, agregó como misión la defensa, seguridad y control de las zonas de frontera, a través de una presencia física permanente (6). Otro aspecto que se incorpora es la declaración de Bolivia como país de vocación pacífica (7). Bajo esta orientación, Bolivia rechaza toda guerra de agresión como instrumento de solución de conflictos entre Estados, reservándose sin embargo el derecho a la legítima defensa. También se establece la prohibición de instalar bases militares extranjeras en el territorio nacional –como medio para impedir cualquier futuro intento de proyección militar de los Estados Unidos u otro país–  y se declara la reivindicación de su cualidad marítima como política de Estado (8).

Posteriormente, se sancionó la Ley de Armas en septiembre de 2013, tras ocho años de debate en el Congreso; y la Ley de Seguridad y Defensa del Espacio Aéreo –que habilita el derribo de aeronaves hostiles–, promulgada en abril de 2014. Sin embargo, varios anteproyectos de Ley presentados por el Movimiento Al Socialismo –MAS, el partido del Presidente Morales–, entre ellos el de Seguridad y Defensa Integral, se encuentran desde 2010 en la Asamblea, sin avances concretos para su aprobación.

Como ha trascendido, los contenidos del anteproyecto de Ley de Seguridad y Defensa Integral se desprenden de las “Bases para la Discusión de la Doctrina de Seguridad y Defensa del Estado Plurinacional de Bolivia”, documento elaborado en el 2010 por las Fuerzas Armadas con el objetivo de plasmar una nueva doctrina militar que refleje los valores del nuevo Estado Plurinacional y su fin supremo: el “Vivir Bien”.

Al respecto, este documento incorpora elementos notablemente novedosos, dirigidos a armonizar y articular las necesidades de seguridad y defensa con la carta constitucional (9). Entre tales aspectos, se destaca la incorporación de la filosofía del Vivir Bien (suma qamaña) como doctrina del Estado Plurinacional (10). Bajo esta filosofía, se asocia la idea de Seguridad a la de Bienestar y Desarrollo, como conceptos indivisibles y complementarios, adoptándose un enfoque multidimensional de la seguridad, denominado “Seguridad Integral”. El desarrollo de esta responsabilidad implica la participación activa de las Fuerzas Armadas en el Desarrollo Integral para la ejecución de las políticas sociales del Estado.

En esta nueva visión, la Defensa se conceptualiza como el conjunto de medidas que el Estado utiliza para hacer frente a agresiones de origen interno o externo, con el fin de alcanzar condiciones adecuadas de seguridad. Sin embrago, no es una tarea y responsabilidad exclusiva de las Fuerzas Armadas: la Defensa es considerada una responsabilidad fundamental del Estado que se basa en la íntima unión de éstas con el pueblo. Tal involucramiento de la sociedad civil en conjunto presupone la hipótesis de conflicto asimétrico en su territorio con un país militarmente superior, sin identificar concretamente cuál podría ser dicho oponente. La erosión de las relaciones bilaterales con los Estados Unidos desde la llegada de Evo Morales plantea como interrogante si es este país el potencial agresor en base a cual los militares bolivianos han reorientado su doctrina de empleo.

En cuanto al segundo aspecto señalado, referido al rediseño de fuerzas, cobró un mayor impulso la acción militar conjunta, tendencia que es observada también a nivel regional. Esto se reflejó en la creación de siete Comandos Conjuntos que establecieron asientos por todo el país, dividiendo el territorio nacional en áreas geoestratégicas. Así se conformó el Comando Conjunto Andino, que abarca el departamento de Oruro y la mayor parte de La Paz (salvo la provincia Iturralde); el Comando Conjunto del Plata, situado en el Departamento de Santa Cruz (excepto la provincia Cordillera); el Comando Conjunto Central, que abarca a Cochabamba; el Comando Conjunto Amazónico, que se extiende por Pando y alcanza la provincia Iturralde; el Comando Conjunto Mamoré, en el Departamento de Beni; el Comando Conjunto Chichas, con su zona de influencia en los Departamentos de Tarija y Chuquisaca y la provincia Cordillera de Santa Cruz; y, por último, el Comando Conjunto Chaco, en el Departamento de Potosí.

Estos Comandos Conjuntos si bien ofrecen una mayor presencia soberana, fundamentalmente se dirigen a preservar las fronteras, combatir actividades ilícitas como el contrabando y la explotación ilegal de los recursos naturales, y apoyar la defensa civil. Estas acciones fueron acompañadas también por la creación de la Escuela de Comando y Estado Mayor Conjunto, dependiente del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas, y escuelas exclusivas de Comando Conjunto para la formación de cuadros militares idóneos para estas funciones (11). Paralelamente, a fin de fortalecer la seguridad fronteriza, se establecieron nuevos puestos militares en zonas de frontera, como el del Silala en la frontera con Chile. Los requerimientos de personal que las nuevas estructuras demandaban fueron a la vez acompañados por la aprobación legislativa del incremento del personal de tropa, que para el año 2014 fue de 9.243 efectivos (12).

Otra política desarrollada fue el fortalecimiento del servicio militar, pese a los reclamos de organismos de derechos humanos que propiciaban su eliminación. El servicio militar obligatorio no sólo brinda cuadros de tropa entrenada para la eventualidad de la guerra, sino que además contribuye al desarrollo nacional, mediante la capacitación y formación de los soldados y marineros en los centros tecnológicos militares mientras realizan el servicio militar, donde se instruyen en distintos tipos de oficios como plomería, carpintería, electricidad, computación, técnicas agropecuarias, entre otros.

Por último, estas acciones fueron acompañadas de programas de equipamiento y de adquisición de material -de las que se destacan la compra de seis aeronaves K-8 y seis los helicópteros Super-Puma- que junto a la recepción de donaciones de países amigos como Argentina, Brasil, China y Venezuela, permitieron mejorar cualitativamente las capacidades operativas de las Fuerzas Armadas. Otras políticas se orientaron a optimizar la defensa civil, y la contribución de las Fuerzas Armadas al desarrollo nacional, apoyando la inclusión socioeconómica de los sectores más postergados. Entre las actividades tendientes al desarrollo nacional en las que participan activamente los militares bolivianos desde el 2006 se han destacado los programas de alfabetización; la colaboración en la distribución de planes sociales como el bono escolar “Juancito Pinto” y el subsidio a la vejez denominado “Renta Dignidad”; el apoyo a la infraestructura productiva nacional, mediante la construcción y mantenimiento de obras civiles en áreas rurales y de frontera; el apoyo a las campañas de salud; e incluso la contribución a la política de precios del gobierno mediante la producción y comercialización de alimentos para reducir el valor de los mismos en el mercado.

Todas estas políticas estuvieron a acompañadas por mayores erogaciones presupuestarias, dado que anualmente se ha visto incrementado el presupuesto de defensa. En términos comparativos, de 2008 a 2014 éste registró un incremento de un 93 por ciento (13).

La política militar

Morales decidió, ni bien asumió el gobierno y por recomendación de su Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, saltear dos promociones para designar al nuevo alto mando militar con el propósito de imponer el principio de autoridad (14). Con esta medida, quedaron fuera del servicio activo veinticuatro generales, en lo que se constituyó como la mayor purga desde el año 1952. No obstante, lo que parecía que iba a desencadenar una relación turbulenta, devino en una convivencia inesperada (15). La nueva cúpula castrense asumió el compromiso de apoyar al gobierno. Dicho compromiso resultaba imprescindible frente al escenario de desestabilización que sectores de la oposición iban a propiciar en los años subsiguientes contra el gobierno de MAS (16). Consecuentemente, la política militar se orientó a promover un acercamiento con el sector castrense.

En primer lugar, Morales incorporó a los militares al proceso de nacionalización de los hidrocarburos de mayo de 2006, medida que fue ejecutada precisamente mediante la ocupación militar de los pozos petroleros. Durante el operativo, se movilizaron 3.139 uniformados para custodiar 56 instalaciones petroleras (17).

Esta acción no fue un hecho menor. Permitió la identificación ideológico-cultural de una gran parte de las Fuerzas Armadas, que adherían a posturas de corte nacionalista o vinculadas al socialismo militar que profesaron los gobiernos de facto de los generales David Toro (1936-1937) y Germán Busch (1937-1939). Éstos impulsaron importantes reformas sociales y económicas, como la ampliación de derechos sociales y la reversión al Estado de todos los bienes y concesiones otorgadas a la empresa petrolífera estadounidense Standard Oil, que finalizó con la fundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).5178420899_5ccfa2dfbc_z

Asimismo, la decisión de Morales contribuyó a fortalecer la legitimidad del sector castrense al interior de la sociedad: el nivel de aprobación de la institución militar alcanzó en mayo de 2006 el pico histórico de un 75 por ciento (18).

En segundo lugar, la integración de los militares al proyecto político permitió superar la situación de abandono institucional en la que se encontraban subsumidas las Fuerzas Armadas, caracterizada por la “pérdida de certidumbre de funciones, valores y normas, crisis moral, admisión de su bajo grado de legitimidad social, perplejidad ante el futuro, malestar acumulado y un profundo desencanto por la calidad ética de los mandos” (19).

Tales políticas han concurrido en la construcción de una relación civil-militar cooperativa, que le ha permitido a Morales no sólo mantener la subordinación de las Fuerzas Armadas y su adscripción a su proyecto político, sino también evitar la consumación del golpe de estado civil de septiembre de 2008.

En este marco, salvo la abolición de los gastos reservados, las prerrogativas militares no se han visto sustancialmente afectadas en tanto que las reformas más controversiales que impulsaba inicialmente el Movimiento al Socialismo, tales como la abolición del servicio militar obligatorio –o al menos la inclusión de la objeción de conciencia–, la reforma de la justicia militar y el establecimiento de la supremacía civil, no fueron –al momento– abordadas (20).

Asimismo, entre las principales acciones en materia de política militar podemos mencionar aumentos salariales anuales que oscilaron entre un 7 y un 10 por ciento, bajo un escenario inflacionario de alrededor un 4 por ciento;  mejoras en las condiciones de habitabilidad de los recintos militares del país que han beneficiado fundamentalmente al personal de tropa; obras de remodelación de terminales y pistas aéreas; edificación de nuevas unidades en zonas de frontera, centros de estudios y unidades sanitarias.

También se propició la igualdad de oportunidades dentro de las Fuerzas Armadas, destacándose la apertura del cuerpo de oficiales a indígenas. Sin embargo, durante abril y mayo de 2014 una protesta castrense, conocida como “la rebelión de los suboficiales”, mostró que la política militar estaba lejos de garantizar un trato equitativo e igualdad dentro de las Fuerzas Armadas. El reclamo de suboficiales bolivianos giró en torno a la demanda de “descolonización” de las Fuerzas Armadas, la modificación de la Ley Orgánica a efectos de evitar prácticas discriminatorias dentro de la institución, habilitar el acceso a estudios superiores, ascensos de rango, mejoras salariales, la creación de la Guardia Nacional, y la atención en hospitales militares en condiciones similares a los uniformados de alta graduación.  Estas manifestaciones, que terminaron con la baja de aproximadamente 700 uniformados, instalaron en la agenda de gobierno la urgencia de revisar la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, a efectos de generar un instrumento normativo que de real cuenta de la interculturalidad de las Fuerzas Armadas bolivianas (21).

Diplomacia de la defensa

La dimensión internacional de la política de defensa, contribuye a los objetivos de la política exterior del Estado. Consecuentemente, ésta se ordena de acuerdo a sus preceptos. De tal modo, como país abierto a la cooperación internacional como instrumento que favorece el desarrollo nacional, con la llegada de Evo Morales al gobierno se modificaron sustancialmente los alineamientos internacionales, de acuerdo a las prioridades políticas y la conducción autónoma del Estado.

Consecuente, la decisión de encarar una política soberana, libre de intromisiones y condicionamientos en el plano doméstico, a la par del discurso anti-imperialista que el líder indígena promueve al interior y exterior del Estado, se materializó en un profundo distanciamiento con los Estados Unidos, que hasta entonces se había configurado como el principal país con el que se gestionaba y desarrollaba la cooperación internacional a nivel militar.

Estados Unidos apoyaba fundamentalmente la lucha contra el narcotráfico y la erradicación de cultivos de coca, pero tras la decisión unilateral de Estados Unidos de descertificar una fuerza especial antiterrorista ni bien asumió la presidencia Evo Morales, este país paulatinamente fue reduciendo su financiamiento en materia antinarcóticos, hasta que el mandatario expulsó a la agencia estadounidense DEA por considerar que había participado en los intentos de desestabilización interna de septiembre de 2008. Dicha situación derivó también en la expulsión del entonces embajador Phillip Goldberg. Desde entonces, las relaciones diplomáticas entre ambos países se canalizan a través del encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Paz, Peter Brennan, y el Jefe de la Misión diplomática de Bolivia en Washington, el General Freddy Bersatti, uno de los principales generales que brindó su apoyo al gobierno de Morales.

En 2010, en ocasión de la IX Reunión de Ministros de Defensa de América, desarrollada en La Paz, Morales afirmó en su inauguración, que la democracia y la paz en el continente americano se encontraban amenazadas por políticas intervencionistas de Estados Unidos, tras lo cual el Secretario de Defensa de los Estados Unidos abandonó la cumbre (22).

La relación volvió a entrar en otro momento de tensión, en julio de 2013, cuando en el avión presidencial en el que se trasladaba Morales por Europa fue obligado a aterrizar forzosamente en Viena, Austria, luego de que Portugal, Italia y Francia le negaran el sobrevuelo en su espacio aéreo nacional, ante la creencia de que transportaba al ex empleado de la National Security Agency (NSA), Edward Snowden. Las autoridades bolivianas responsabilizaron al gobierno estadounidense de este incidente (23).

Erosionada así la relación con los Estados Unidos desde el mismo inicio del gobierno, el Presidente priorizó el establecimiento de nuevos vínculos con Venezuela, Cuba y Ecuador, integrándose a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA).

Del entorno vecinal, la cooperación en materia de defensa se dirige principalmente hacia asuntos vinculados con la seguridad fronteriza, tales como la lucha contra el narcotráfico, el contrabando y la trata de personas, de la que se destaca la comisión binacional fronteriza con Perú, entre otros temas de cooperación estrictamente militar, como intercambios, ejercicios militares combinados, capacitaciones y visitas protocolares con Brasil, Argentina, y Chile, además del país mencionado antes.

A nivel regional, Venezuela se ha constituido como el principal aliado. Ambos países suscribieron acuerdos de defensa que alcanzan diferentes aspectos, como el otorgamiento de créditos para la compra de material bélico –como la compra en 2010 de nueve aviones de entrenamiento Diamond DA42 Twin Star para la Fuerza Aérea Boliviana–, instrucción, adiestramiento y el equipamiento de la Escuela de Defensa del ALBA, con sede en el departamento de Santa Cruz.

Asimismo, en la región sudamericana, además del fortalecimiento de la relación bilateral con Argentina, Chile, Brasil y Perú, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) constituye un espacio de gran valor e interés de la política exterior boliviana, que en el plano de la defensa se expresa a través del Consejo de Defensa Suramericano (CDS).

Como señala Madrigal Garzón, en el plano de la cooperación militar Bolivia ha aprovechado las oportunidades que brinda el orden internacional multilateral, a partir de una activa política de intensificación de las relaciones bilaterales que lo ha llevado a la suscripción de un conjunto de convenios en materia de defensa con varios países en el mundo entero (24). De ellos se destacan los casos de Rusia y China. Con el primero de ellos, se estableció en febrero de 2009 una Comisión de Cooperación Técnico-Militar Ruso-Boliviana, a través de un acuerdo en cuyo marco se anunció la obtención de un crédito renovable por 100 millones de dólares para la adquisición de equipamiento logístico, entre ellos helicópteros MI-17.

Con China la cooperación abarca una amplia agenda, de la que se destaca la científico-tecnológica. Con el apoyo de este país, Bolivia lanzó al espacio su primer satélite, el que cuenta con un segmento militar para fines de seguridad y defensa. Asimismo acordó en 2013 la provisión de ayuda militar gratuita, por 8 millones de dólares a ser ejecutados en 5 años y cooperación en ciencia, tecnología e industria para la defensa.

Una nueva gestión presidencial

Morales tiene ahora cinco años más para continuar implementando su revolución democrática y cultural. La nueva Constitución Política del Estado es refundacional y marca un “punto de bifurcación” (23). La misma instaura un nuevo modelo de Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que exige su construcción. Las bases del nuevo Estado ya han sido erigidas, y poco a poco va afirmándose la cultura del Vivir Bien. En materia de defensa, la nueva doctrina militar es la herramienta necesaria para encauzar el cambio cultural dentro de las Fuerzas Armadas. No obstante, la doctrina per se es insuficiente: es necesario institucionalizar un nuevo marco normativo que cristalice en reglas formales los valores que expresa el nuevo Estado plurinacional. Sin embargo, ¿habrá alguna razón que explique la demora en avanzar con la reforma integral del sector, particularmente con la sanción de una nueva Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas y la nueva Ley de Seguridad y Defensa Integral? ¿Tal reforma, podría afectar los intereses de algún sector dentro de las propias Fuerzas Armadas, como el de la oficialidad superior? ¿No fue la “rebelión de los suboficiales” una señal de que los valores del Estado Plurinacional aún no se han visto incorporados al sector militar? Sin lugar a dudas, las Fuerzas Armadas bolivianas tienen pendiente encauzar a lo largo de su estructura y organización la interculturalidad y la descolonización que se plasma en el nuevo Estado. Es por ello que conducir tales reformas institucionales sea, tal vez, no sólo el principal desafío que el gobierno tenga por delante en materia de defensa, sino una verdadera batalla política y cultural dentro de un institución altamente jerárquica y discriminadora, y tradicionalmente adversa al cambio.

Por Mag. Silvina Sol Gastaldi

Ésta es una contribución gratuita producida por el Consejo de Asuntos Hemisféricos. Si desea republicarla, por favor ponga nuestra información institucional. Los derechos exclusivos pueden ser negociados. La traducción fue realizada por Clément Doleac, Research Fellow del Consejo de Asuntos Hemisféricos.

Imagenes destacadas tomada por Alex Prolmos, “Bolivian Military Man”, tomada desde Flickr : https://www.flickr.com/photos/proimos/8289670554 y “Comandante en Jefe del Ejército recibirá distinción en Bolivia” por Ejercito de Chile, en Flickr : https://www.flickr.com/photos/ejercitodechile/5178420899/in/photolist-8TAL7X-8TATZ8-7oukfC-7oujVs-7oujLb-7oumoJ-7oumdm-7oh4ZK-aBbkeR-oa1eYh-nUxNzb-2cFLDU-8TCAdR-8TFHmN-8TCCAr-8TFEfC-8TCzq8-8TFL6W-8TFGA7-8TCDFT-jAWhMz-8TANVT-8TAS4Z-8TE1ob-8TDX2L-8TE1D3-8TDWZb-8TAUbi-8TATKV-8TALRp-8TDVvN-8TDXd3-8TAUra-8TDYYQ-8TE16s-8TAN86-8TE1rW-8TASCg-8TALpP-8TDTqo-8TTfJ3-8TQbrF-8TTfxE-8TTfsG-8TQb9V-83UzYe-8CZXa9-dcAtyY-8CWSjP-cczEYf/

Referencias:

(1) Dentro de las operaciones de seguridad interior se incluyen actividades tales como el combate del narcotráfico y el contrabando.

(2) Eissa, S. y Gastaldi, S. (2014). Cuando las palabras son buenas son buenas: la militarización de las Fuerzas Armadas argentinas. Defensa Nacional y pensamiento estratégico, 1.

(3) Ministerio de Planificación del Desarrollo (2006). Plan Nacional de Desarrollo. La Paz: Autor. Pág. 62.

(4) Barrios, R., Mayorga, R. (1994). La cuestión militar en cuestión. Democracia y Fuerzas Armadas. La Paz: Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios. Pág. 124

(5) Tellería Escobar, L. (2008). Fuerzas Armadas y desarrollo en Bolivia. Construyendo Roles. Democracia y Fuerzas Armadas. Disponible en http://www.cels.org.ar/common/documentos/fuerzas_ armadas_web.pdf

(6) Constitución Política del Estado, artículo 263.

(7) Constitución Política del Estado, artículo 10.

(8) Como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879-1883), en la que Bolivia se enfrentó junto a Perú contra Chile, el país perdió su antiguo litoral marítimo. Desde entonces, la recuperación de un acceso soberano al Océano Pacífico se ha convertido en un asunto de máxima prioridad para la política exterior y en un tema central en la relación bilateral con Chile.

(9) Ministerio de Defensa Nacional (2010). Bases para la discusión de la doctrina de seguridad y defensa del Estado Plurinacional de Bolivia. La Paz: Ed. Weimberg. Pág. 29.

(10) El Vivir Bien o Suma Qamaña –vida en plenitud en aymara– consiste en  un paradigma de vida ancestral aymara, promovido por el presidente Evo Morales e incorporado a la actual Constitución Política del Estado como principio ético-moral del Estado Plurinacional en su artículo octavo. A diferencia del paradigma filosófico occidental que se estructura en torno al concepto de individuo, esta cosmovisión de los pueblos andinos originarios sitúa a la comunidad como estructura y unidad de vida, tendiendo básicamente al logro del equilibrio material y espiritual del hombre y la armonía entre seres humanos y la naturaleza, dando lugar a una concepción específica de desarrollo, economía, vida social, educación, derecho y justicia.

(11) “FFAA reafirman defensa de la democracia, unidad y lealtad”, La Jornada, 29 de mayo de 2012, disponible en http://www.jornadanet.com/n.php?a=77543-1

(12) De acuerdo a datos de RESDAL, las Fuerzas Armadas bolivianas poseen 34.078 efectivos, de los cuales 22.565 pertenecen al Ejército, 4.983 a la Armada y 6.530 a la Fuerza Aérea. En las tres fuerzas, el personal de tropa constituye alrededor del 50% del total de efectivos. Ver Resdal (2014). Atlas comparativo de la Defensa en América Latina y El Caribe. Disponible en http://www.resdal.org/assets/ad_2014_cap_12_bolivia.pdf

(13) Resdal, op. cit.

(14) Morales justificó la decisión asegurando que dichas promociones se encontraban vinculadas con el retiro ilegal y desmantelamiento en los Estados Unidos de un lote de veintiocho misiles de origen chino pertenecientes a las Fuerzas Armadas bolivianas. Ver “Gobierno descarta malestar entre militares por nuevo Alto Mando”, Los Tiempos, 26 de enero de 2006, disponible en http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/nacional/20060126/gobierno-descarta-malestar-entre-militares-por-nuevo-alto_1818_1818.html

(15) Vargas Velásquez, A. (2008). “Una convivencia inesperada: Fuerzas Armadas y gobiernos de izquierda en América Latina”. Nueva Sociedad, 213.

(16) El Vicepresidente Álvaro García Linera caracterizó dicha situación como una fase de crisis del Estado que debía dar lugar a la construcción de una nueva hegemonía, resultado de la confrontación social e institucional de dos proyectos políticos nacionales de país, encarnados en el bloque dominante y en el bloque social ascendente. Ver García Linera, Á. (2008). “Empate catastrófico y punto de bifurcación”. Crítica y Emancipación: Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, 1 (1).

(17) Tellería Escobar, op. cit.

(18)  Tellería Escobar, op. cit.

(19) Quintana, Juan Ramón (2005). “Militares y políticos en Bolivia: entre la gobernabilidad democrática y el clientelismo patrimonial”. En J. Olmeda (Comp.), Democracias Frágiles. Las Relaciones Civiles-Militares en el mundo iberoamericano. Valencia: Tirant Lo Blanch. Pág. 454

(20) El término “supremacía civil” remite a la capacidad de un gobierno civil elegido democráticamente para ejecutar una política general sin intromisiones por parte de los militares, desde la definición de las metas hasta la formulación, organización y ejecución de la política de defensa, así como también de la política militar. Ver Agüero, F. (1999). “Las Fuerzas Armadas en una época de transición: perspectivas para el afianzamiento de la democracia en América Latina”. En R. Diamint (Ed.), Control civil y Fuerzas Armadas en las nuevas democracias latinoamericanas. Buenos Aires: GEL.

(21) De acuerdo con el Ministerio de Defensa, 632 suboficiales y sargentos fueron reincorporados posteriormente, y se anunció que a partir del año 2015 los suboficiales y sargentos podrán formarse a nivel licenciatura, al igual que los oficiales, en la Escuela Militar de Ingeniería –al momento sólo podían estudiar tecnicaturas–. El 70% de las Fuerzas Armadas bolivianas está compuesto por personal de esta categoría. Ministerio de Defensa Nacional (2013). Memoria institucional 2013. La Paz: autor.

(22) “Secretario de Defensa estadounidense abandonó cumbre en Bolivia”, 23 de noviembre de 2010, disponible en http://www.radiohrn.hn/l/node/187

(23) “Yo, presidente de Bolivia, secuestrado en Europa”, Le Monde Diplomatique, 214, agosto de 2013, disponible en http://www.monde-diplomatique.es/?url=articulo/0000856412872168186811102294251000/?articulo=484697c5-2d5a-4ac6-934f-47ab77c87ff6

(24) Madrigal Garzón, Alexander (2013). “La cooperación internacional para el desarrollo en Bolivia: una ventana de oportunidad para afianzar el modelo de desarrollo integral”, en Observatorio de Bolivia, 31. Disponible en http://www.caei.com.ar/sites/default/files/bolivia_invierno_2013.pdf

(25) García Linera, op. cit.

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