Con regocijo parece apropiarse el Gobierno de México de aquel lema de los zapatistas, “para todos todo, nada para nosotros”, al cercenar sistemáticamente los derechos de los aborígenes. En repetidas ocasiones se les ha negado la libertad de reunión, no se les ha permitido trabajar la tierra sin restricciones, se ha confiscado sus hogares en nombre de inversiones privadas, se ven obligados a venderse como mano de obra barata al sector empresarial y, por...




