“Funcionan como mano de obra de los carteles”

Escrito por Julio Marenco/Corresponsal LPG desde Washington, D.C.

El politólogo Tomás Ayuso lleva varios años estudiando el fenómeno del narcotráfico y la violencia que genera en Latinoamérica. Ayuso apunta que los carteles mexicanos han refinado y sofisticado sus operaciones, y son ahora mucho más flexibles y están mejor equipados que los organismos de seguridad del Estado. Dice, además, que uno de los primeros pasos para combatir el narcotráfico debe ser limpiar los aparatos de seguridad del Estado para crear frentes legítimos contra la corrupción.

Un informe de las autoridades salvadoreñas detalla la infiltración de carteles mexicanos en C.A. ¿sabe usted hasta qué punto llega esa infiltración?
Sí, esto comenzó a existir desde que México se comenzó a adueñar de las redes de distribución de cocaína. Hubo un cambio. Antes, los carteles de Colombia se encargaban de las redes de distribución hacia el norte, pero esto ha pasado casi enteramente a los carteles mexicanos. Entonces ellos comenzaron a diversificar sus rutas. Antes era casi únicamente por el océano o se iba saltando en avión hasta llegar a sus destinos. Ahora ha habido un cambio radical, ahora se usa todo el istmo centroamericano, es como un puente entre Colombia y México. Una de las consecuencias ha sido el resurgimiento de las pandillas, las maras, porque ellos funcionan como mano de obra de los carteles.

¿Qué nuevas amenazas supone esto para Centroamérica?
Pues los gobiernos van a tener más problemas para combatir la amenaza de la violencia, que ya de por sí es un problema en sí misma en la región y esto no va a hacer sino aumentar esos niveles de violencia. Se van a incrementar los ajustes de cuentas, las extorsiones, los secuestros, como estamos viendo en Honduras, donde se han llegado a unas cifras nunca antes vistas. En El Salvador lo vemos con los asaltos en los autobuses. En Guatemala es una combinación de todo. Entonces los gobiernos no están cumpliendo sus propósitos de darle protección y seguridad a sus ciudadanos. Esto es una parte importante, pero otra sumamente importante es la violación a la soberanía nacional, porque vienen estos grupos transnacionales que atacan y se van, mexicanos matan a hondureños o viceversa, porque se encuentran con que las fronteras no tienen la protección que se dice que dan.

¿Cómo ve la actuación de los gobiernos del área para prevenir y combatir este fenómeno, tomando en cuenta los precedentes de Guatemala y México?
Allí es donde radica gran parte del problema. La corrupción es devastadora. Es difícil encontrarle un frente legítimo a los narcotraficantes por el mismo problema de la corrupción, todas las herramientas del Estado se han encontrado en un punto en que no se puede confiar en ellas. Lo que ha pasado en México y en Guatemala y en algunos casos en El Salvador es un problema increíble. El primer paso, aunque es extraordinariamente difícil, es erradicar la corrupción, porque si no, es prácticamente imposible combatir al narcotráfico. Después y a consecuencia de eso se puede comenzar a resolver el problema. El caso mexicano, que desplegó el ejército a varios estados ha dado resultados muy variables, porque se han encontrado con grupos extremadamente bien armados y organizados, a veces mejor que el Ejército mismo y los policías federales. Pero el minar el sistema judicial y policial es una estrategia de los carteles siempre, es uno de sus primeros pasos.

En ese sentido, una de las mayores críticas en Estados Unidos hacia el plan Mérida es que no ha considerado esos niveles de corrupción en los gobiernos, ¿usted lo cree así?

El plan Mérida tiene el problema que tuvo el plan Colombia por muchos años. A veces los problemas que surgen de otorgar tantas armas y cooperación y entrenamiento de inteligencia es que a veces caen en manos equivocadas y uno ve estas armas siendo recicladas a las mismas personas que uno trata de eliminar. El problema de la corrupción es crítico. Si los agentes que tienen acceso a todas estas herramientas se vuelven corruptos, ponen todo este mecanismo al servicio de los sicarios. Pero aparte de eso, Estados Unidos no enfrenta muchas veces el hecho de que es el país con mayor consumo de cocaína y de otras drogas del mundo, el 90% de la coca del mundo viene hacia este país. Uno puede hacer lo que quiera para combatir a los carteles fuera de acá, pero si existe la demanda, difícilmente se va a solucionar.

Precisamente esa era mi siguiente pregunta, en Latinoamérica hay mucha crítica, la más reciente la del presidente mexicano Felipe Calderón, que decía que su vecino del norte no hace mucho por erradicar la demanda en su territorio, ni tampoco las redes de distribución locales a través de las cuales llega la droga a los consumidores.
Eso es algo que se tiene que examinar. El consumo no ha parado de ninguna forma y eso es un problema, porque mientras exista esa demanda y obviamente existe muy fuerte, no va a parar de venir. Se tiene que crear programas de rehabilitación y de prevención. Mandar a la gente a la cárcel de una vez no funciona como herramienta de disuasión o de prevención. Hay programas de rehabilitación que ayudan a disminuir la adicción y que no han recibido el apoyo que deberían.

¿Cree entonces que debería dársele también igual importancia, tanto en recursos económicos como humanos, a la disminución de la demanda interna como al combate de los carteles fuera de las fronteras de EUA?

Absolutamente, pero no solo en EUA, sino también en Latinoamérica. Sobre todo en México, en la frontera norte con EUA, en donde los planes para bloquear el paso de la droga han funcionado mejor, gran parte de esos cargamentos se quedan adentro y se crea el mercado del menudeo. El consumo ha crecido tremendamente… El consumo interno de cocaína y metanfetamina en México tras el inicio de la guerra contra las drogas del presidente Calderón.

Estados Unidos lleva casi 20 años de guerra contra las drogas en Latinoamérica, ¿cómo evalúa la cooperación con los gobiernos latinoamericanos¿ ¿Cree que ha sido adecuada?
Es tiempo ahora de un reenfoque. Ahora tenemos una realidad distinta de la que teníamos en los ochenta y noventa, cuando los carteles se movían alrededor de una persona o un hombre fuerte y al matarlo o encarcelarlo se debilitaba fuertemente la estructura o se desmoronaba. Ahora los carteles son más descentralizados, tienen cinco o más cabecillas.

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